La novela histórica (5): siglos XVI y XVII

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Los siglos de oro españoles

Esta es la época de los grandes descubrimientos, comenzando por el de América, y el hallazgo de nuevos imperios, como el azteca o el inca, o de extensas tierras que antes no se conocían sino de oídas, como China, Japón o el Pacífico en conjunto, terreno propicio para que sobre él se lancen mentes dispuestas a fantasear con lo habido y por haber.

Como es lógico, hay muchos libros de novela histórica que tratan sobre estos tiempos. La conquista y colonización de América, y las múltiples aventuras que en semejante escenario tuvieron lugar, ha inspirado a gran cantidad de autores, y no digamos la turbulenta vida en Europa durante aquellos años. Aquí debajo pongo una lista de novelas más o menos históricas (algunas, pese a su barniz histórico, son más bien de aventuras) ambientadas durante los siglos XVI y XVII. El año que se cita es el de la primera edición.

La Princesse de Clèves (Mme. de La Fayette, 1678)

Diario del año de la peste (Daniel Defoe, 1722)

Los novios (Alessandro Manzoni, 1842)

Taras Bulba (Nicolás Gogol, 1842)

Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas, 1844)

La letra escarlata (N. Hawthorne, 1851)

Príncipe y mendigo (Mark Twain, 1881)

El capitán Blood (Rafael Sabatini, 1922)

El caballero de la Virgen (Blasco Ibáñez, 1929)

El dios de la lluvia llora sobre México (Laszlo Passuth, 1939)

El Enano (Pär Lagerkvist, 1944)

Esa Dama (Kate O’Brien, 1946)

De noche, bajo el puente de piedra (Leo Perutz, 1958)

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (Ramón J. Sender, 1964)

Opus nigrum (Marguerite Yourcenar, 1968)

El samurái (Shüsaku Endö, 1980)

Tenochtitlan: la última batalla de los aztecas (José León Sánchez, 1984)

León el africano (Amin Maalouf, 1986)

La gesta del marrano (Marcos Aguinis, 1991)

La isla del día anterior (Umberto Eco, 1994)

El galeote de Argel (Bartolomé Bennassar, 1995)

Me llamo Rojo (Orhan Pamuk, 1998)

Rojo amanecer en Lepanto (Luis Zueco, 2011)


Narraciones históricas de Camargo Rain

Camargo Rain también ha escrito sobre aquellos tiempos, en especial un libro, El viaje del morisco, parte del cual sucede durante la frontera de estos siglos, 1600 y 1601.

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Pero, además, hay otros episodios históricos que se refieren a este período. En Ojos azules está Cortejo en la selva, narración del paso del istmo de Panamá por una tropa de piratas en Tierra Firme, que era como se conocía entonces aquella parte, y en Chica encuentra chico (se publicará próximamente), el capítulo llamado La llanura, crónica al modo de la de Vázquez de Coronado, cuando a mediados del XVI emprendieron viaje desde tierras mejicanas hacia el norte en busca de las siete ciudades de Cíbola, que presumían de oro. Este episodio está narrado por una negra antillana que va en la expedición como esclava y se llama Melisa. La aventura acaba como el rosario de la aurora, pero eso ya lo contaré otro día. Lo que hago hoy es colocar aquí un trozo de El viaje del morisco, que cruzó de sur a norte la península ibérica abriendo nuevas vías de comunicación para el establecimiento de oficinas de correos por encargo de una familia de judíos que tenían un nombre muy curioso: los Taxis. Este fragmento, que sucede durante la primavera de 1601, comienza así:

LA VÍA DELAPIDATA

Aquí comienza el viaje del morisco llamado Juan Rui, que se aventura por esos mundos que tan poco conoce,

los conocí de joven, cuando mi padre me llevó a visitar países lejanos, el reino de Galicia, las Asturias, esa costa norte barrida por los vientos y en donde he pensado iniciar una nueva andadura. Lo del pescado es un pretexto al lado de mis verdaderos propósitos. La madre de mi novia estaba en lo cierto cuando llorosamente me llamó pederasta, ladrón de almas, polígamo…, pero quién puede resistir a las pasiones cuando tiene cuarenta años… Además, su madre es una esclava, no tiene ningún poder sobre mí y poco me importan sus denuestos…, aunque resulten más que justificados.

Cada día que transcurre el pescado pierde parte de su valor, envejece, la mercancía mengua si pasa semanas sin cuento en una bodega o el fondo de un barril y es preciso alcanzar el destino cuanto antes, y como nuestro convoy es pesado, y pesada la carga que transporta, he dispuesto la formación de la siguiente columna: al frente marchará uno de los carros más ligeros con varios de a caballo. Ellos nos precederán en una jornada y nos irán dando aviso sobre el estado del camino y los posibles entorpecimientos. Detrás de ellos circularán varios de los carretones, asimismo guardados por gente de armas, y al fin, a media jornada de distancia de los anteriores, el segundo grupo de galeras, el más grande, con el grueso de la tropa. Ni que decir tiene que deberemos comunicarnos continuamente, pero para eso he prevenido varios jinetes, chicos jóvenes que están deseando hacer méritos y sin cesar se desplazarán de un grupo a otro. Quizá, si prospera el asunto de los Taxis, encuentren acomodo en la nueva sociedad, pues necesitaremos caballeros experimentados y leales.

Los carros grandes, galeras de seis ruedas y caja ovalada, son arrastrados por tiros de doce o quince mulas, y como de ellos tenemos más de una docena, inquieto me cuestiono en dónde encontraremos, durante tan largo viaje, alimento para las bestias. Para algunos días cargamos con grano y otras raciones a que los animales están acostumbrados, pero me pregunto qué sucederá cuando estas se terminen. Los arrieros, sin embargo, están habituados a los días de camino y no dan importancia a mis palabras, Dios proveerá, maese Juan, me dicen, y se ríen entre ellos, lo que no deja de tranquilizarme. A ello hay que sumar otros carros más pequeños…, y las mujeres.

Ellas son parte importante de la expedición, pues ¿quién se encargaría, si no, de la intendencia y otras labores de las que los hombres no quieren ni oír hablar? Alguien debe cocinar para tan numerosa tropa, y llevar a cabo las cotidianas tareas que nimias parecen si no se piensa en ellas con la debida hondura. ¿Quién lavará durante los atardeceres en los arroyos, o quién acopiará la necesaria leña, y quién guardará el mayor tesoro que en esta nutrida comitiva se encuentra…? Varias de estas mujeres son las novias de algunos de los que forman parte de la expedición, de quienes no van a separarse y en ella han reclamado con vehemencia su puesto, y algunas son jóvenes o están a punto de dejar de serlo, chicas que aspiran a mejorar su vida al lado de quienes desean, pero la mayoría son mayores, personas de edad y raciocinio que cargan con la mayor parte de los trabajos, y entre ellas va la niña, a la que llevan medio a escondidas, dado que en el convoy viajan muchos hombres. Para prevenir conflictos les he dicho que la vistan de la peor manera, andrajosa y sucia, y así hurtarla de las capciosas miradas de quienes nos acompañan.

De Cádiz hemos partido con un verdadero ejército, criados de Bartolomé y don Joaquín de los que pocos me gustaron, imagino que a ellos tampoco les gustaban y por eso los enrolaron en la partida, pero como los míos son mayoría, en ningún momento he dudado sobre el éxito de la empresa. Es mucha y muy preciosa nuestra carga, y no debe confiarse al albur, así que, entre otras disposiciones, he decretado que todos deben disfrazarse de castellanos, nadie debe vestir a la morisca, ya sé que es preferible esa ropa cuando hace calor, pero nuestra suerte es comprometida y no quiero sorpresas, pongamos los medios para llevarla a buen puerto, y cuando os licencie podréis vestiros como os plazca, que nadie os lo va a impedir.

Algunos me contemplaron con torcidos ademanes, pero como lo más importante es cobrar los haberes, nadie pronunció una palabra.

Hemos sorteado la ciudad de Sevilla pues el paso por ella no podía producirnos más que inconvenientes, urbe disoluta y plagada de ladrones y burócratas, la hemos rodeado por el sur, y durante el transcurrir por sus inmediaciones los hombres han sido tentados por el fabuloso aspecto de sus lejanas torres y la multitud de mendigos que han intentado asaltarnos describiéndonos las maravillas que entre sus muros se encierran, a lo que hemos respondido con hierros, en firme y sin ambages.

Nuestra marcha discurre ahora por las montañas que preceden a la meseta, sierra de Aracena, me señalan, y allí, Cumbres Mayores, ¿ve su señoría el blanco caserío, adornado de castillo, que sobre la loma se encuentra?, en tiempos fue capaz refugio de los torvos infieles, pero tiempo ha que sobre el más alto torreón luce el pendón de Castilla.

Este camino que a duras penas recorremos es la vía delapidata, que yo juzgo restos de una antigua calzada romana, y cuyo nombre lo da a entender. Delapidata es lo mismo que solada, pavimentada con lápidas, piedras planas, y esta que recorremos, aunque a trechos, así se presenta, lo que no es parco alivio para los carros, más si son grandes, que mejor circulan por lugares embaldosados que por infames y enlodadas sendas carreteras, de las que cubierto está nuestro país. El agrimensor que nos acompaña, Germán, que asegura haber llegado desde los países de Flandes, lo que quizá sea digno de creer pues su habla es insegura y sumamente confusa, parece entusiasmado de encontrarse en donde se encuentra, ¡el camino de la cofradía de la Mesta…!, dice con arrobo y poniendo los ojos en blanco, mil veces oí hablar de él allá en mi país…, Castilla, la lana, los caballeros que lo recorren…, caballeros españoles flacos y larguiruchos y con la austeridad pintada en el semblante, que, sépalo vuecencia, son los mejores del mundo…, y no lo digo por darle coba sino porque Europa entera así lo acepta, ¡país lejano y lleno de maravillas!, patria de quienes a despecho de las dificultades y los incontables peligros de que hablan las leyendas antiguas osaron internarse en el océano abierto para descubrir nuevas e inmensas y desconocidas tierras…, y como le veo venir en sus ponderaciones, le pregunto, y dígame, Germán, ¿qué le parece nuestra comida?, y él de nuevo bizquea y exclama lleno de encomio, ¡ah, la comida…!, ¡esos durísimos garbanzos!, las razas obstinadas están hechas de pétreos alimentos y procuraré arrimarme a ellos, no lo dude su merced, y llevarlos a mi tierra cuando regrese, ¿y las mujeres…?, ¿qué le parecen a su merced nuestras mujeres, tan diferentes seguramente a las que antes conoció?, y él se explaya de nuevo con la escudilla en la mano mientras la tropa le escucha entre embobada y divertida.

En la vía delapidata de la leyenda clásica encontramos enormes rebaños de merinos que emigran hacia el norte levantando nubes de polvo que oscurecen el cielo. El mes de abril es de enorme ajetreo en esta región, y en una polvorienta población, un enorme pueblo en la estepa por la que discurrimos, le llaman Zafra, cambiamos las peores mulas de las galeras por otras más capaces, pues algunas flaquean ya y sabemos que no llegarán muy lejos. Los mayorales hacen recuento y eligen las más jóvenes entre gritos y latigazos, y una vez rehechos los tiros reanudamos el camino tras haber dormido bajo techado durante dos noches y repuesto los cuerpos en los mesones.

Por aquí llegaremos a Cáceres y a Trujillo, importantes enclaves en los que quizá podamos colocar parte de la mercancía, lo que nos permitiría desembarazarnos de algunos carros, pues la caravana es larga y difícil de manejar. Hasta ahora no hemos sufrido problemas dignos de mención ni encontrado las partidas de bandoleros ante las que nos han prevenido en todas partes, pero creemos que ello se debe a nuestro número, pues los bandidos están acostumbrados a desvalijar pequeños grupos o viajeros solitarios, y la aparición en el camino de una veintena de enormes carros y no menos de cincuenta jinetes les obligará a sopesarlo. Quizá consideren el caudal que ante sus ojos se esfuma, pero como las partidas están enfrentadas unas con otras, o ello es fama, ni su sombra hemos percibido. […]


Aquí dejo los enlaces a los libros disponibles en el mercado, Ojos azules y Dios conmigo, por si alguien siente curiosidad:

Ojos azules en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9

Ojos azules en papel =

https://www.amazon.es/Ojos-azules-Camargo-Rain/dp/1547093064

Blog en el que se habla de Ojos azules: https://ojosazulesnovelahistorica.blogspot.com.es/

 

Dios conmigo en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

Dios conmigo en papel =

https://www.createspace.com/5980506

Blog en el que se habla de Dios conmigo:

https://diosconmigosite.wordpress.com/


En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos (la novela histórica), y mientras tanto podéis mirar aquí:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

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La novela histórica (4): la Edad Media

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Esta, la Edad Media, es quizá la época preferida por los escritores de novela histórica. Sin embargo, es difícil encontrar novelas realistas que se refieran a la Edad Media tal y como debió de ser. La mayoría (sobre todo las modernas) abundan en los aspectos fantásticos, en los que se suele poner el énfasis, por lo que no son propiamente históricas. Las leyendas en torno al rey Arturo se repiten en exceso (hay muchos libros sobre ello), y no digamos todo lo que tiene que ver con la magia y los poderes sobrenaturales de los protagonistas, lo que resta bastante realismo a las narraciones.

Sin embargo, hay también muchas novelas históricas de esta época que merecen ser leídas, y aquí debajo hago mención de unas cuantas:

La flecha negra (Stevenson, 1888)

Belisario (Robert Graves)

El nombre de la rosa (Umberto Eco)

Samarcanda (Amin Maalouf, 1988)

Un yanqui en la corte del rey Arturo (Mark Twain, 1889)

Ivanhoe (Walter Scott, 1820)

El puente de Alcántara (Frank Baer, 1991)

Leon el africano (Amin Maalouf)

El libro de Saladino (Tariq Ali)

A la sombra del granado (Tariq Ali, 1993)


Narraciones históricas de Camargo Rain

Quien esto escribe también ha escrito acerca de la Edad Media, en especial un libro, Dios conmigo, que relata la vida de un personaje (el calatravo) que vive esa época y, entre otros sucesos, asiste a dos batallas que figuran en la historia: la de Alarcos (1195) y la de las Navas de Tolosa (1212). Es un libro largo (500 págs.) en el que cuenta su vida como niño, joven, señor de la guerra, cantero, escultor (etc., etc., que se narran muchas cosas).

En Ojos azules se habla de la 2ª cruzada (s. XII) en el episodio denominado Hueste cristiana en las cruzadas, y asimismo en otro libro, Chica encuentra chico, se puede encontrar una historia medieval (siglo X) que se llama La torre y versa sobre la construcción de la torre de un monasterio.

A continuación pongo un trozo de un texto. Se trata del comienzo de la batalla de Alarcos en Dios conmigo.

[…]

Pocos días duró semejante estado de cosas, y en seguida llegaron mensajeros que nos ordenaban partir hacia el oeste y unirnos al grueso del ejército en las inmediaciones de la fortaleza de Alarcos, cuya guarnición continuaba encastillada. En compañía de Rubén me despedí de mis hermanitas como si no nos fuéramos a volver a ver, y con el amanecer del día siguiente nuestra hueste de Calatrava, unida a una interminable procesión de caballeros, carros y peones, partió hacia donde se encontraban las ingentes fuerzas venidas del norte, lugar al que accedimos rondando el mediodía y desde cuyas alturas pudimos contemplar las tropas que nos aguardaban y se guarecían en torno a las murallas a medio construir, y enfrente, lejos pero no tanto como para no poder distinguirlo, con quiénes teníamos que habérnoslas…

El ejercito musulmán, acampado en torno a un cerro, a primera vista no nos pareció invencible, pues manifiestamente se apreciaba que la fuerza de nuestra caballería era mucho mayor. En aquel lejano campamento podían observarse incontables carros, y de su interior surgían fumaradas sin fin, lo que daba indicios del enorme número de sus ocupantes, pero tampoco era menor el nuestro, cuyo aspecto nos produjo un gran asombro, pues ni yo, ni ninguno de los que me acompañaban, habíamos estado nunca en un real tan grande, que agrupándose en torno a la fortaleza en obras y el poblado aledaño, se extendía bajo nuestros pies y abarcaba hasta los más próximos oteros.

La columna en la que nos encuadrábamos descendió hasta la llanura, y habiéndonos señalado sitio para que nos instaláramos, recorrimos el campo y procuramos informarnos de lo que en él se decía.

Pasó la tarde entre unas cosas y otras, y aunque el revuelo y las incontenibles ganas de pelea se hacían patentes aquí y allá, no hubo más por aquel día y en seguida se echó la noche, encendiéndose hogueras en todos los rincones. Nosotros, al abrigo de unos carros que habían venido de Calatrava, hicimos lo propio, y alrededor del fuego de campamento fueron muchas las voces que se manifestaron y dieron su opinión sobre lo que nos esperaba. Corrió el vino y la comida, y todo fue el hacer cábalas sobre lo que pretendía el rey, aunque alguien apuntó que estaba esperando a que llegaran nuevas tropas de refuerzo, fuerzas procedentes de los reinos de León y de Navarra.

Luego transcurrió la noche, y tras el amanecer sonaron trompetas y clarines llamando a la lucha. En medio de la mayor de las confusiones y los gritos de ceñudos capitanes, una parte de la caballería se alineó y formó un enorme bloque. Nosotros lo observábamos expectantes desde el lugar que nos habían señalado, pues aquel día no entramos en combate, y de esta forma vimos cómo la muralla de hierro avanzaba lentamente al principio, para cargar luego contra las vanguardias enemigas, pero estas, que no eran numerosas, retrocedieron al galope y rehusaron la lucha. En su lugar aparecieron grupos de arqueros que lanzaron nubes de flechas sobre nuestros jinetes y después se escabulleron en el terreno. Semejante maniobra se repitió varias veces, pero no encontrando enemigo con el que luchar, nuestros caballeros tornaron al campamento sudorosos y gesticulantes y, por lo que me pareció entender, muy descontentos de lo sucedido.

Entre carreras, gritos, rebatos de los clarines y nubes de polvo que se levantaban aquí y allá transcurrió el día entero, día de sobresaltos, de llamadas, de formarse escuadrones y rendir luego las lanzas, de acudir a un lugar y otro y desgañitarse los capitanes sin motivo, y al fin, fuera de algunas escaramuzas en las alas de los ejércitos enfrentados, que se observaron y midieron sus fuerzas sin querer entrar en la pelea, no sucedió nada, sino que con la caída de la tarde retornaron las fumaradas en el campo enemigo y los fuegos de campamento en el nuestro. Todo se pobló de hogueras y centinelas que canturreaban sus consignas, y mientras dábamos cuenta de la pitanza y el vino, que en buenas cantidades guardábamos en los carros, más de uno nos preguntamos si no estarían los musulmanes esperando a que llegara la noche profunda para lanzar un ataque que nos cogiera desprevenidos… Allá, a lo lejos, en la falda de un terroso y alargado cerro que había a nuestra izquierda, eran aún más brillantes los fuegos, pues, según decían, era allí en donde estaban el rey y sus oficiales, que a buen seguro estarían discutiendo sobre el significado de aquella jornada de irracionales alborotos en la que el enemigo había sabiamente eludido la pelea.

Llegó el nuevo día, y con él las señales de que la jornada se anunciaba importante. Desde muy temprano sonaron los cuernos, y en seguida, advertidos por las ingentes nubes de polvo que al otro lado de la llanura se levantaban, pudimos entender que el ejército musulmán se ponía en marcha.

Todos nos aprestamos a armarnos como correspondía, y una vez sobre las cabalgaduras y tranquilizadas estas, pues se mostraban inquietas como si presagiaran lo que se avecinaba, cuando entre el fragor nos dirigíamos a las filas que se estaban formando, vi a Lope, revestido de la blanca túnica de la Orden a que pertenecía y caballero de una magnífica montura. Iba a dirigirme a él, pero era tal el tumulto que alrededor de nosotros había, que me contenté con hacerle un gesto con la mano, ademán que él me devolvió. Luego observé que a su lado estaba su padre, don Lope, que se ocupaba en ordenar la disposición de su hueste. Él me contempló con sorpresa, pues seguramente me creía muerto, pero luego apartó la mirada y la dirigió al frente.

Al fin, cuando las filas se cerraron, vi que a mi lado estaban Moisés y otros hombres que habían venido desde Calatrava. Nos encontrábamos en medio de un denso escuadrón, pero delante de nosotros había muchas líneas, lo que parecía indicar que nuestra entrada en la lid no iba a ser inmediata. Moisés me tendió un mendrugo de pan que sacó del zurrón.

–Cómelo –me dijo–; quizá sea el último.

Yo lo mordí con ansia mientras entre las recién formadas filas se levantaban clamores que hablaban de Dios y la victoria, y al compás de aquellas voces que parecían surgir de todas partes, los caballos relincharon y patearon y a duras penas fueron retenidos por los acorazados jinetes, alguno de los cuales rodó por el suelo.

Ante nosotros se mostraba una multitud de zenetes vestidos de negro, tribus enteras llegadas de África, según decían, provistos de escudos y largas espadas que nos observaban imperturbables. Estaban tan cerca que podíamos distinguir los rasgos de sus caras oscuras, y cuando me entretenía en intentar desentrañar sus emociones, se escucharon agudos gritos que partían de la parte delantera y pudimos observar cómo las primeras líneas, en cerrada formación, iniciaban un trote moderado hacia el centro del ejército enemigo, aquellos gigantescos jinetes que les aguardaban impávidos.

La masa de caballeros se precipitó contra las filas almohades, y vimos cómo las lanzas se rompían y las espadas centelleaban. Algunos caballos rodaron por el suelo causando gran confusión, y después el polvo levantado por el combate nos ocultó lo que sucedía.

Todos mirábamos ansiosamente hacia el lugar cuando se escucharon nuevos gritos, y vimos que las siguientes filas de acorazados caballeros emprendían la carrera y se internaban lanza en ristre en la polvareda.

Durante algún tiempo no supimos qué sucedía ni cuál era la suerte que habían corrido nuestros soldados, pero luego, emergiendo de la nube, grupos de jinetes retrocedieron al galope hacia nuestras filas, las sobrepasaron y parecieron ir a colocarse en la parte trasera del ingente conglomerado de hombres y caballos que aguardaba su turno.

Cuando el polvo se reposó vimos que la primera línea enemiga había sido deshecha, y aquí y allá podían observarse caballos y hombres, unos agonizantes y otros derribados, en desordenada confusión. En el centro de aquel cuadro se sostenían múltiples y descabaladas figuras que, a pie y utilizando las espadas a guisa de molinetes, arremetían contra las negras filas de seres armados de picas, que parecían retroceder ante el empuje demostrado por los nuestros.

Los más terribles alaridos sonaron entonces, y obedeciendo a ellos, varios escuadrones que se situaban en los flancos y portaban enseñas en el extremo de sus lanzas, embistieron furiosamente las compactas filas enemigas, en las que abrieron amplios huecos. Delante de nosotros se trabó una furiosa batalla, […]

 

… y hasta aquí este principio de la batalla de Alarcos. Debajo coloco los enlaces a estos libros.

Dios conmigo en versión Kindle =

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Blog en el que se habla de Ojos azules:

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La novela histórica (3): primeras civilizaciones

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Época segunda: de las primeras civilizaciones a la caída del Imperio Romano.

Esta época ha sido una de las preferidas por los escritores del género al que aludimos, sin duda porque de aquellos tiempos nos han llegado multitud de documentos. Geógrafos como Estrabón o Plinio el viejo; historiadores como Tito Livio, Suetonio o Apiano; filósofos como Platón, Séneca o Virgilio… Todos nos han hablado de su tiempo, en algunos casos con multitud de detalles de la vida cotidiana de tales entonces, y los autores modernos dedicados a glosar aquellos tiempos han encontrado la mitad del trabajo hecho, pues no sólo se han apoyado en obras que nos llegan directamente desde dos o tres mil años atrás, sino también –y esto es de justicia decirlo– en libros de historiadores modernos, como Carcopino. Esto (lo de inspirarse unos en otros), ha sucedido siempre, pues tanto Estrabón como Plinio el viejo –por poner un ejemplo–, al hablar de Iberia (o Hispania) se basaron en testimonios de personas ajenas, puesto que ellos nunca estuvieron en la península.

Libros de estas épocas hay muchísimos, y por citar unos cuantos nombraremos algunos de los más famosos, tales como Sinuhé el egipcio (Mika Waltari); Quo Vadis? (Sienkiewicz); Ben-Hur (Lewis Wallace); Yo, Claudio (Robert Graves); Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar); Los últimos días de Pompeya (Edward G. Bulwer Lytton); El asirio (Nicholas Guild) y Salambó (Gustave Flaubert, 1862).


Narraciones históricas de Camargo Rain

Para no ser menos, también Camargo Rain (servidor) ha dedicado cierta parte de sus escritos a aquellas épocas, y de esta forma hay episodios de Ojos azules que tratan de ellas, tales como Guerreros entrando en una ciudad (los sumerios), Tirios hacia la Puerta de Melkart (fenicios), Romanos en la urbe (romanos), o Bárbaros atravesando una cordillera (aventura protagonizada por un suevo que encontró a una chica en un bosque), y asimismo en otro libro, Chica encuentra chico, en el que se puede leer una historia del tiempo de los hispano-romanos ambientada en el siglo IV y en la cuenca del Duero que se llama El río. (Este libro [Chica encuentra chico] existe, pero aún no está publicado.)


A continuación coloco un trozo de este libro, Ojos azules, para que lea el que le guste hacerlo:

CINCO MIL AÑOS ATRÁS: GUERREROS ENTRANDO EN UNA CIUDAD

LA SUBIDA A LA MONTAÑA

Los tambores atruenan los oídos de quienes nos encontramos formados en la llanura. Atrás queda el gran campamento que nos ha albergado durante los últimos meses, multitud de lienzos que transportamos por el desierto lejos de las tierras feraces y las riberas bañadas por las aguas de nuestro ancho y amado río, ingratos lugares a los que no volveremos tras la incontestable victoria. Ante nosotros, iluminadas por la luz de la mañana, se alzan las poderosas murallas de la gran ciudad a la que pertenecemos, que se libró del asalto y el pillaje merced a nuestra sangre y esfuerzos.

Desde el amanecer permanecemos ordenados en largas filas que se extienden hasta donde alcanza la vista. Los capitanes vocean las órdenes con dificultad ya que somos muchos los hombres que ansiamos sobrepasar las puertas, y los cuernos emiten sus roncos quejidos llamando a la población al acontecimiento. Nosotros hemos ocupado los puestos que nos corresponden, pero antes nos han distribuido dobles raciones porque la jornada va a ser larga. ¡Qué lejos de las privaciones pasadas en el campo de batalla!, donde los cupos eran escasos y la miseria de la tierra quemada nos obligaba a pelear para alcanzar algunas migajas, pero aquello pasó, y con la victoria se han abierto las puertas de los almacenes y graneros de la ciudad, de los que nos han servido en abundancia.

Los extranjeros que vinieron de oriente son los enemigos cuya capital es Umma, enorme y cochambrosa ciudad que no disfruta de las ventajas de la cercanía de los ríos y sus rimeros de frondosas huertas; lo sé bien, yo, que estuve en ella y por sus calles corrí tras los habitantes enarbolando la aguda espada de bronce. En sus planes entraba el privarnos del agua y esclavizarnos, y por eso levantaron un nutrido ejército que intentó llegar hasta nuestras tierras, pero ahora nos pagarán tributo, pues la fuerza que les opusimos se reveló superior a la suya. Todos cayeron ante nuestro empuje. Primero fueron los pastores de las vegas; más tarde las desorganizadas huestes que guardaban la ciudad, y al fin sus habitantes, muchos de los cuales no verán amanecer otra vez. Corrió la sangre en abundancia y las mujeres y los niños llevaron la peor parte, como sucede siempre que el dios de la guerra revive hazañas pasadas…, pero no es el momento de pensar en ello, pues aquellos días quedaron atrás y su memoria será pronto cubierta por el polvo del desierto.

Ahora ya decrecen los gritos y únicamente quedan los cadenciosos golpes en los parches de los tambores. Los murmullos recorren las filas, y las nubes de polvo que vemos al frente nos indican que el ejército se ha puesto en marcha y las vanguardias se aproximan a la más fuerte y guarnecida de las puertas de la muralla, en cuyas inmediaciones nos aguarda el pueblo apiñado y vociferante…

Lugalbanda, hijo de Enmerkar, biznieto del dios sol que le salvó la vida; rey de Uruk y sus llanuras canalizadas y ahora también de Umma y Kutallu y las turbulentas bandas de pastores que habitan las tierras intermedias y no pudieron con nosotros. Lugalbanda, rey sacerdote de Uruk, la ciudad que fundaron los dioses en el principio de los tiempos, puso en pie un ejército para restaurar el omnímodo poder que algunos le discutían, y poniéndose a su frente recorrió la ancha tierra hacia el norte hasta alcanzar el lugar de los conflictos y las matanzas. A él debemos acatamiento, y a sus propósitos, que a todos convienen.

Nuestro objetivo es la mastaba que en el extremo opuesto de la ciudad se yergue, altísima construcción escalonada desde cuya cúspide los poderosos se relacionan con los dioses. Hasta la cumbre arrastraremos los carros del rey y su séquito ayudados por los asnos y los látigos de que disponemos. Somos atroces como ejército triunfador, y estamos embebidos en la soberbia de la victoria, que no fue fácil sino áspera e inclemente, aunque al fin los que todo lo pueden se dignaran derramar fortuna sobre los elegidos. Nuestro designio es la cima de la mastaba, a la que conduciremos el carro del rey y las hileras de guerreros cautivados, que ascenderán derramando sudor por la inclinada rampa, ahora esclavos y antes individuos libres en los campos, que se aventuraron a cambiar su plácida vida engañados por reyes y llevados a ello por la codicia.

Ya suenan urgentes los clamores de la victoria, y precedidos del enorme y albino onagro, rey de su manada, al son del tambor emprendemos la marcha triunfal que nos llevará hasta la más alta de las terrazas del zigurat. ¡Allá vamos!, pueblo de Uruk que nos admiras y agradeces lo que por ti hicimos; pueblo de Uruk, que ocasión tendrás en breve de reintegrárnoslo.


Aquí dejo los enlaces a Ojos azules, por si alguien siente curiosidad:

Ojos azules en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9

Ojos azules en papel =

https://www.amazon.es/Ojos-azules-Camargo-Rain/dp/1547093064

Blog en el que se habla de Ojos azules:

https://ojosazulesnovelahistorica.blogspot.com.es/


En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto podéis mirar aquí:

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La novela histórica (2): la prehistoria

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Época inicial: de los australopitecos a los primeros agricultores.

Parece mentira la escasa atención que escritores y cineastas han dedicado a la Edad de la Piedra. He mirado en la Wikipedia y aparecen 19 entradas para libros, pero si exceptuamos La guerra del fuego (o En busca del fuego), y El clan del oso cavernario (novela de 1980), el resto me resulta desconocido. Varios de estos libros, más que como novelas históricas, deberían ser clasificadas como novelas fantásticas, caso de Plutonia, escrita en 1915 por un ruso, Vladimir Obruchev, o literatura juvenil (caso de dos series que aparecen ahí).

Hay una novela de australopitecos (Homínido), pero me ha parecido una broma de mal gusto. En algunos pasajes sus protagonistas hablan en latín… (¿Y esto…?)

En resumen: esta época no parece haber sido muy utilizada por narraciones y películas, aunque de estas últimas, a bote pronto, se podrían citar Hace un millón de años (que no era muy seria, con aquella Raquel Welch de peluquería y en bikini…),

En busca del fuego, de Jean-Jacques Annaud (que estaba bastante bien), y en especial la primera secuencia de la sin par 2001, odisea del espacio de Stanley Kubrick, que ha sido el único en tomarse en serio esto de la prehistoria (véase foto del comienzo). Y no crean que hay mucho más.

Narraciones históricas de Camargo Rain

Sobre esta época, la que lleva desde los australopitecos (hace cuatro o cinco millones de años), hasta el establecimiento de las primeras civilizaciones ordenadas (hace unos seis o siete mil años), hay varios episodios en Ojos azules formando la primera parte del libro, la que se llama El pasado remoto y que se compone de los siguientes capítulos:

Australopitecos en las orillas de un lago

Nómadas en la llanura amarilla

Omómidos en un bosque

Neandertales en una cueva

Flor junto a una cascada

Recolectores en una aldea

Los episodios están desordenados cronológicamente, pero esto se debe a exigencias del comercio. ¿Cómo vas a comenzar un libro presentando los bucólicos pensamientos de una flor (junto a una cascada) en algún ambiente del Terciario, que es el episodio más antiguo? No lo leería nadie.

Sea como fuere, aquí les dejo un trozo de este libro

HACE MEDIO MILLÓN DE AÑOS: NEANDERTALES EN UNA CUEVA

EL FUEGO

En la boca de una cueva, observando con pesadumbre cómo a torrentes se precipita el agua del cielo, está instalado un oscuro grupo de seres cubiertos con gruesas pieles. Sobre sus cabezas transitan apresurados los negros nubarrones que les acompañan desde varios días antes, y en sus frecuentes y nerviosas miradas al sombrío espacio, y en los gruñidos que de vez en cuando pueden escucharse, se advierte el descontento que el espeso color de las alturas les produce.

Cae la tarde sobre la boscosa llanura que se adivina bajo la ladera. Las sombras se ciernen sobre la arboleda infinita, aparentemente muerta, pues sus habitantes han buscado resguardados abrigos ante la furia de los elementos, y pronto la oscuridad se adueña de cuanto desde allá arriba se puede contemplar, oscuridad rota por relámpagos que se producen en la lejanía, tan distantes que sólo son fugaces destellos que huidizamente se asoman sobre el horizonte.

El grupo que se encuentra en la entrada de la cueva se compone de media docena de astrosos y sucísimos individuos. No parecen jóvenes ni viejos, pues la mugre cubre por entero la escasa piel que permanece al descubierto, y las marañas de pelo ocultan los rostros y cualquier gesto que pudiera dar indicios de sus mohínos estados de ánimo. Sólo los ojos, chispeantes y vivos, atentos a cualquier cosa que se mueva, examinan los cada vez más negros alrededores. Todos ellos, apiñados, intentan mutuamente prestarse el calor que sus cuerpos despiden.

Al fin uno, molesto por la incómoda postura, se yergue cachazudo sobre sus compañeros mientras inicia una suerte de apagado aullido, y con desaliento y las peludas manos golpea las piedras que tiene a su alcance, el rocoso arco que hace las funciones de puerta del cobijo. Luego da media vuelta y con indolencia se interna por el túnel, y si seguimos sus pasos por la oscura y sinuosa galería de pétreas paredes, encontraremos que esta desemboca en una gran sala de techo abovedado, en cuyo fondo, iluminando tenuemente lo que contiene el recinto, se distinguen las brasas de una hoguera delimitada por gruesas piedras. En los rincones más profundos se adivinan inmóviles bultos tumbados sobre el suelo, oscuros individuos que quizá están durmiendo o quizá pensando, y junto a la gran lumbre, pues grande es, de vez en cuando corretea una pléyade de revoltosos y pequeños seres que emiten agudos sonidos, brincan y, a la postre, se refugian entre los brazos de sus madres. Estas, guardianas del mayor tesoro que la habitación contiene, el fuego, permanecen inmóviles contemplándolo, aunque de cuando en cuando alargan los brazos, y unas veces colocan pequeños objetos sobre el borde y otras los retiran: parecen castañas, bellotas, piltrafas y diminutas frutas y semillas que humean y chisporrotean y son pronto engullidas con deleite por los taciturnos comensales de la andrajosa agrupación.

Durante un buen rato reina el silencio en la enorme gruta. Nuestro personaje, que se ha sentado en el suelo junto a las ascuas, tras contemplarlas extiende las manos sobre ellas y entra en un prolongado éxtasis. Sus labios se entreabren, y ¿podría decirse que es una suerte de salmodia lo que recita? Así lo parece, puesto que persiste en sus decires, que poco a poco van aumentado hasta convertirse en un sordo gruñir para decaer luego hasta el más inaudible de los balbuceos, y todo ello ante la indiferencia de los presentes.

Los niños, que tales semejan, con ojos vivos contemplan temerosos al recién llegado, no atreviéndose a abandonar el amparo que les brinda el regazo de sus madres, pero luego uno se desliza cauta y silenciosamente por el suelo y por la espalda se arrima a quien continúa con sus tartajeos. Tras dudarlo agarra un extremo de las desflecadas pieles que cumplen las veces de ropa y tira de ella con la zozobra pintada en sus ojillos ratoniles, y al no recibir la contundente respuesta a que está acostumbrado, se encarama tímidamente sobre aquel ser que bien pudiera ser su padre, y pronto son dos los que trepan por su cuerpo con ademanes que podríamos llamar afectuosos. Sin embargo, poco dura la improvisada fiesta, pues un par de mamporros bien administrados ponen en fuga a la caterva de chiquillos que se había aproximado y de nuevo todo queda en calma, silencio sólo roto por los ronquidos de algunos durmientes y los chasquidos de los frutos que saltan al abrirse sobre las brasas.

Es entonces cuando, sin previo aviso, del rocoso techo se desprenden unas gotas de agua que caen sobre los tizones. El hecho sobresalta a cuantos allí se apiñan, y un murmullo de desaprobación recorre el grupo. Las pupilas se dirigen a lo alto y escudriñan las tinieblas inquiriendo la razón de tan inoportuno suceso, pero poco puede verse en las lóbregas tinieblas, y tras apagarse los gruñidos el lance es olvidado.

Uno de los seres que se aposentan ante el fuego, un individuo escuchimizado y de avanzada edad a juzgar por sus crecidas guedejas blancas, arroja unos troncos sobre los rescoldos, y en seguida aquello crepita y luego se inflama, bañando con su luz cuanto le rodea. Durante un instante todos se contemplan con expresión rayana en la sorpresa…, aunque al fin respiran aliviados y retornan a su mutismo.

Arrecia el crepitar del ruido de la lluvia que penetra por el túnel, y tres o cuatro bultos arremolinados irrumpen en la caverna con aparato, caen de rodillas ante el fuego y a su arrimo presentan cara y manos con ademanes que tienen algo de ceremoniosos. No son viejos ni jóvenes, que ya dijimos, sino seres peludos y disformes que muestran amputaciones, pues a uno parece faltarle un antebrazo y todos presentan desdentadas fauces que abren desmesuradamente para que mejor les penetre el calor del hogar. […]


y a continuación los enlaces correspondientes por si alguien quiere echar una ojeada. Amén de lo dicho, aparecen muchos antecesores del hombre: los cazadores de las llanuras, los omómidos (una especie de zarigüeyas de hace cincuenta millones de años), los primeros agricultores…

Ojos azules en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9

Ojos azules en papel =

https://www.amazon.es/Ojos-azules-Camargo-Rain/dp/1547093064

Blog en el que se habla de Ojos azules:

https://ojosazulesnovelahistorica.blogspot.com.es/

En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto se puede mirar aquí:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

La novela histórica (1): génesis y subgéneros más comunes

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Novela histórica sería aquella en la que, mediante el uso de personajes en general ficticios, se describe algún capítulo de la historia de las personas. Para ello, claro es, hay que basarse en hechos y datos históricos, y tener una cierta idea de lo que sucedía entonces y de cómo eran las cosas, pues de no ser así, es fácil caer en excesos y anacronismos que restan verosimilitud al relato. (Recuerdo uno en el que aparece la reina Isabel la católica tomando chocolate para desayunar.)

La primeras novelas históricas se remontan a la antigüedad (La Ilíada podría ser una de ellas), pero la novela histórica, tal como la entendemos hoy, nació en el siglo XIX de la mano de los románticos, que siempre fueron muy aficionados a las nieblas de lo exótico, lo misterioso y lo maravilloso.

Aunque hubo autores anteriores, se suele decir que fue Walter Scott el iniciador del género, en especial con su archicélebre Ivanhoe, escrita en 1812 sobre la Edad Media en la Inglaterra del siglo XII.

 

Durante el siglo XIX se escriben multitud de obras de esta temática, en especial en Europa. De habla inglesa se pueden citar Stevenson y Feminore Cooper (en EEUU). En Francia cultivaron el género Victor Hugo, Alejandro Dumas y Flaubert. En España, Espronceda y Larra, y sobre todo Pérez Galdós y sus monumentales Episodios Nacionales, así como Baroja con su ingente obra titulada Memorias de un hombre de acción (22 libros). En Italia, Manzoni, Varese y Cantú, a los que modernamente habría que añadir a Umberto Eco (El nombre de la rosa). En Rusia, Tolstoi (Guerra y paz)…

Otros nombres a los que se puede aludir son Dickens (Historia de dos ciudades, sobre la revolución francesa), Sienkiewicz (Quo vadis?, de romanos), Mika Waltari, Robert Graves, Marguerite Yourcenar, Alejo Carpentier (El siglo de las luces, sobre el siglo XVIII), Valle-Inclán y Ramón J. Sender. (Lo anterior está extractado de Wikipedia.)

En fin, estos son algunos nombres porque que la lista es larga, larguísima, y quien quiera leer algo mucho más completo que este breve apunte, puede ir al siguiente enlace, en donde se dan datos con profusión:

https://es.wikipedia.org/wiki/Novela_histórica

 

Narraciones históricas de Camargo Rain

Echando su cuarto a espadas, el autor de la presente comunicación (Camargo Rain) también ha escrito novelas de este género, con cuya génesis y redacción se ha divertido mucho. Ahí es nada estudiar y rebuscar en los libros de historia, y diseñar aventuras que entretengan al público…

En unos y otros libros ha tocado casi todas las épocas de las que nos habla la historia, y para no cansar, citaré sucinta y cronológicamente algunos:

La Edad de la Piedra aparece en Ojos azules

La antigüedad (sumerios, fenicios, romanos…) en el mismo libro y en un episodio de Chica encuentra chico.

La Edad Media en Dios conmigo, en Ojos azules y en el episodio llamado La torre de Chica encuentra chico.

De los siglos XVI y XVII se habla en Ojos azules, Chica encuentra chico y, sobre todo, El viaje del morisco.

Los siglos XVII (el final), XVIII, XIX y XX se desgranan en la tetralogía La verdadera historia de Juan Evangelista.

El siglo XIX aparece también en el episodio histórico denominado El papel de Londres de Chica encuentra chico, y para rematar la faena nos resta añadir que Ojos azules es una novela en la que, mediante quince episodios, se pasa revista a otras tantas épocas (desde hace 100 millones de años hasta la actualidad).

Aquí debajo pongo los enlaces a estos libros.

Dios conmigo en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

Dios conmigo en papel =

https://www.createspace.com/5980506

Blog en el que se habla de Dios conmigo:

https://diosconmigosite.wordpress.com/

Ojos azules en versión Kindle =

https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9

Ojos azules en papel =

https://www.amazon.es/Ojos-azules-Camargo-Rain/dp/1547093064

Blog en el que se habla de Ojos azules:

https://ojosazulesnovelahistorica.blogspot.com.es/

 

En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto podéis mirar aquí:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

Multitud de libros gratis durante esta Navidad

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Este es un post para lectores:

Durante los días que van a durar estas fiestas de Navidad, es decir, desde hoy 20 de diciembre hasta el 15 de enero, voy a ir poniendo libros gratis: uno cada día. El que quiera que los baje, que no cuestan nada.

Para conseguirlos hay que ir a ESTA DIRECCIÓN, (es en Amazon, en donde no meten virus ni troyanos y va todo como una seda), mirar cuál de ellos es el que está a 0,00 €, y descargarlo por el morro. Ya digo, cada día va a haber uno diferente.

Se van a repetir, porque no tengo tantos, así que tenéis varias oportunidades para descargarlos todos.

Y sin más, felices fiestas y próspero año nuevo.

Camilo José Cela, el mejor escritor español de la segunda mitad del siglo XX

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Esta es una semblanza (brevísima) de la vida de Camilo José Cela, el mejor literato español de la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Iria Flavia, pueblo cercano a La Coruña, en 1916, y murió en Madrid en 2002.

Durante su juventud vivió en Galicia y en Madrid, y ya en ella se significó por lo iconoclasta: le expulsaron de dos colegios de curas. También sufrió una tuberculosis a los quince años (enfermedad para la que entonces no existía cura), por lo que pasó un año en un sanatorio de la sierra de Guadarrama.

Cuando comienza la Guerra civil (julio de 1936) tenía veinte años. Vivía en Madrid, en donde estudiaba, y consiguió escaparse de esta ciudad para alistarse en el bando franquista. De esta etapa guerrera no se sabe casi nada, excepto que fue herido, aunque no debió de ser de mucha consideración.

Al acabar la guerra comienza a escribir. Su primera novela es La familia de Pascual Duarte, curiosa por ser su ópera prima, aunque el valor literario es escaso. Con posterioridad él dijo de ella: «Empecé a sumar acción sobre acción y sangre sobre sangre, y aquello me quedó como un petardo», y es verdad que visto desde hoy, resulta bastante tremenda y comercial. Fue publicada en 1942, es decir, cuando tenía veintiséis años.

Malvive (vamos a decirlo así) en Madrid durante los primeros años de la posguerra, y de esta época datan sus siguientes narraciones: Pabellón de reposo (1943) y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944). Durante estos años escribe varias colecciones de cuentos (algunos geniales) y los primeros libros de viajes: Viaje a la Alcarria (1948), Ávila (1952) y Del Miño al Bidasoa. Notas de un vagabundaje (1952).

La obra que le hace famoso es su siguiente novela, La colmena, publicada en 1951 en Argentina, puesto que aquí no pasó la censura franquista. Otras obras de esta época son Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953) y La catira (1955), dos novelas que quien esto escribe cree que tienen mucho interés.

En 1954 se va a vivir a Mallorca, lugar en el que residirá 35 años, y en 1957 es elegido miembro de la Real Academia Española. En Mallorca continúa con su obra literaria, pero también pone en marcha otros proyectos, como la revista Papeles de Son Armadans o la editorial Alfaguara, aparte de escribir nuevos libros de viajes (viajes que llevaba a cabo caminando y con la mochila al hombro), como son Vagabundo por Castilla (1955), Judíos, moros y cristianos. Notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras (1956) y Primer viaje andaluz. Notas de un vagabundaje por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva y sus tierras (1959).

Es entonces cuando entra en la etapa más interesante de su obra, con libros tan monumentales como Tobogán de hambrientos (1962), San Camilo, 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1983), y la sin par Cristo versus Arizona (1988), casi treinta años de buen hacer literario. Obsérvese que entre ellos hay grandes lapsos temporales, es decir, que este señor no era de los que publicaba una novela al año, lo cual se explica, entre otros motivos, por su abundante labor periodística (por ejemplo: durante muchos años escribió una columna diaria en ABC).

En 1987 le dan el premio Príncipe de Asturias de las Letras; en 1989 el Nobel de Literatura, y en 1995 el Premio Cervantes.

Hay una última etapa literaria en su vida, con títulos como La cruz de San Andrés (refrito de cosas anteriores que sin duda tenía aparcadas por si surgía la ocasión, y por el que le dieron el Premio Planeta, nada menos, pero ya se sabe que este premio…), o Madera de boj, obra ya muy crepuscular, aunque de buena factura.

Esta es, a grandes rasgos, la vida del más interesante escritor de la segunda mitad del siglo XX español, digno sucesor de don Pío (Pío Baroja), que podría ostentar idéntico título para la primera mitad. Tal para cual.

Y ahora, ¿cómo es esta obra literaria, que sin llegar a ser monumental por el tamaño, lo es por la calidad? Quien esto escribe se declara incondicional del autor, así que sólo daré unos datos:

Don Camilo (como Galdós, por ejemplo, del que era gran admirador) siempre acertaba con la palabra exacta, que es una habilidad muy poco común. Era un maniático del lenguaje y las buenas formas gramaticales, y nada amigo de cursiladas o las pasajeras e ingenuas modas (de las que se reía) que caracterizan la vida actual, y la de su tiempo también; antes bien, inventaba nuevas formas de expresión, y cada novela de su época magna es diferente por completo de la anterior. Su literatura estuvo influida por los grandes escritores castellanos, Quevedo, Cervantes, Galdós, Baroja…, aunque también por los narradores norteamericanos de su época, como Faulkner o Dos Passos. El arte de este señor es muy español, o totalmente español, en esa línea que podríamos llamar arte tremebundo (él lo llamaba carpetovetónico), buenos ejemplos de los cuales son los Caprichos de Goya o las películas de Buñuel.

En general, casi todos sus libros son buenos (algunos geniales). Destacan las novelas, las recopilaciones de cuentos (hay que leer Claudius, profesor de idiomas, Culpemos a la primavera o Memorias del cabrito Smith, chivo insurrecto, para hacerse idea de lo que es un cuento), y los libros de viajes, en especial Viaje a la Alcarria y Judíos, moros y cristianos. Las recopilaciones de artículos periodísticos, en mi opinión, son más aburridas, pero estas son cosas que hacen las editoriales y con las que él probablemente no estaba de acuerdo, excepto en la parte crematística.

Durante toda su vida fue un viva la virgen, que es uno de los más interesantes oficios que aquí abajo se pueden desempeñar. En lo que concernía a su persona, manejó con arte las relaciones públicas, habilidad que le reportó gran popularidad (al margen de sus libros), por lo que sin meterse en honduras de marujeos diversos fue un personaje muy conocido (y reconocido por el gran público). A esto contribuyó sin duda el no haberse querido nunca sumar (al menos de forma pública) a esas asociaciones que, como partidos políticos y demás, han proliferado en nuestra sociedad; lo mismo podría decirse de modernas tendencias como la progresía, el feminismo o la homosexualidad, por cuyos principios filosóficos nunca tuvo mucha simpatía. En cambio, siempre estuvo al lado de la gente de a pie, y esta se lo agradeció.

En definitiva, fue un cachondo carpetovetónico que hizo lo que le dio la gana, disfrutó la vida (por lo menos, eso parece desprenderse de sus escritos) y nos dejó un legado muy importante. ¿Qué más se puede pedir? Y como final y a modo de ejemplo de su manera de hacer, ¿quieren leer ustedes un párrafo de uno de sus libros? Es muy corto, trescientas palabras, pero vale la pena hacerlo. Está en San Camilo, 1936 y dice así:

 

Don Roque lleva a las dos criadas de la fonda a la novillada que se celebra en honor de los aviadores Arnáiz y Calvo, don Roque es muy galante con las damas, un poco sobón pero muy galante, tenéis que poneros las dos muy guapas, a los toros no se puede ir de trapillo, descuide don Roque ya verá como no tiene que avergonzarse de nosotras, eso espero, eso espero…, el programa de la novillada no es muy brillante –los aviadores Arnáiz y Calvo se hubieran merecido algo mejor– pero no hay otro, José Neila, Pedro Ramírez y Pedro Barrera, con ganado del señor González Camino, después se desecharon dos reses que fueron substituidas por otras dos de don Juan Terrones pero una resultó una chiva y fue devuelta al corral, se reemplazó por un buey de don Gabriel González que fue fogueado, ¡todo un saldo!, los aviadores Arnáiz y Calvo y el respetable se merecían otra cosa, don Roque se sentó con la Paulina a un lado y la Javiera al otro, la Paulina es más complaciente pero la Javiera es más guapa y vistosa, la Paulina es más calentona pero la Javiera tampoco hace remilgos, la Paulina es celosa y la Javiera en cambio lo que quiere es merendar y que la lleven a los toros, Pedro Ramírez Torerito de Triana cortó una oreja a su segundo, los otros dos espadas no pasaron de voluntariosos, cuando Torerito de Triana saludó desde los medios don Roque le preguntó a la Paulina, ¿te lo tirabas?, ¡calle usted don Roque, qué cosas tiene!, bueno, ya sé que sí, don Roque se volvió a la Javiera, ¿y tú?, ¿yo qué?, que si te lo tirabas, ¡Jesús, qué ocurrencia!

 

Eso es escribir, y no lo que se estila ahora.

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Al margen de lo anterior, en 2011 compuse una especie de estudio de esta novela (San Camilo, 1936) pasando lista y haciendo una recopilación de sus múltiples personajes (son más de doscientos) y de la manera en que está escrita, que es algo parecido a un puzzle. Esto se puede ver en internet, y descargarlo en pdf (por si alguien tiene curiosidad), en esta dirección:

https://sites.google.com/site/sancamilo1936/

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Y hasta aquí llegó la broma, que con esto es suficiente. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO.

 

LIBROS GRATIS de Camargo Rain: hay un sitio donde descargarlos

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La página cuya cabecera antecede a estas líneas, que puse en marcha hace tiempo y luego había dejado abandonada, vuelve a estar disponible, y con más cosas para descargar. Ahora, aparte de los Cuentos de hadas, está El notario de Liébana (un corto de misterio) y la Edad de las tinieblas,

primer libro de las andanzas de Juan Evangelista por nuestro planeta.

Este personaje, del que a lo mejor alguien recuerda que vivió 300 años, al final de su vida escribió sus memorias, y como 300 años son muchísimos le salieron cuatro libros. El citado, Siglo de las luces, Era de las máquinas y Perpétuum móbile. He puesto el primero en descarga libre por si alguien lo quiere leer. Trata de su infancia y adolescencia, que vivió desde 1680 a 1750 (más o menos) en diversos lugares de la geografía española: las tierras salmantinas de Ciudad Rodrigo, de donde era oriundo, y las de Úbeda, en donde habitó en un convento. En fin, la cosa no es sencilla y prefiero que lo leáis a tener que explicároslo. El que quiera puede ir a esta dirección,

https://sites.google.com/site/novelasgratisdecamargorain/

y allí descargar (gratis, como es lógico, y sin virus ni troyanos) lo que aquí digo y alguna otra cosa.

También podéis mirar AQUÍ

 

Rebajas de otoño en Amazon

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Con motivo de las clásicas rebajas de otoño (que se dan en todos los grandes almacenes), Amazon promociona algunos libros. De los que tengo ahí han elegido cuatro, que son estos:

Crucita y yo, a 1,19 €, aquí: https://www.amazon.es/dp/B01N6JWHWO

 

Ojos azules a 1,19 € aquí: https://www.amazon.es/dp/B072N822Q9

 

Dios conmigo, fantasía plenomedieval, a 1,49 €, aquí: https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

 

La cocina española de siempre, a 1,49 €, aquí: https://www.amazon.es/dp/B01I41EBWE

 

 

Y bueno, si alguien se queda con ganas puede mirar AQUÍ,

que hay más.