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CAPÍTULO 5,2: Pinturas y retoques

FOTOS PINTADAS

Desde siempre, es decir, desde el principio de la historia fotográfica, multitud de fotógrafos han pintado sus fotografías en blanco y negro de muy diversas maneras. El sistema más utilizado de las que se colorearon en la antigüedad (siglo XIX y principios del XX) consistía en acuarelarlas, aunque también se aplicaran óleos sobre su superficie; es decir, se siguieron los métodos entonces en boga para pintar cuadros. Sin embargo, con la llegada de los nuevos tiempos y la difusión de herramientas más modernas, lo que sucede durante la segunda mitad del siglo XX, otros elementos entran en escena, en especial los rotuladores, rotrings, bolígrafos, etc., y los aerógrafos y espráis.

Una fotografía se puede pintar de cualquier manera, es únicamente cuestión de fantasía e imaginación, pero aquí mencionaremos los tres sistemas más habituales.

El primero consiste en acentuar sobre su superficie, ateniéndonos a los contornos que nos marca la foto…

(el horizonte, por ejemplo, o el perfil de las montañas, o los rasgos de un retrato, la boca, los ojos…, así como cualquier entramado que presente, como podría ser la corteza de un árbol, la superficie del mar, etc.),

… trazos de cualquier tipo, ya sea con lápices, lápices de colores, rotuladores, rotrings…, o lo que es lo mismo, cualquier herramienta capaz de dibujar una línea. Muchos retratos se perfilan de esta manera, en especial sobre superficies mates, intensificando con lápices de color los rasgos más sobresalientes, lo que constituye una práctica muy antigua.

A continuación se pueden ver unos ejemplos de fotografías pintarrajeadas con líneas, que en ocasiones les prestan aspectos sobremanera fantásticos.

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Una segunda técnica se basa en rellenar con tintas de colores suaves las partes claras de la fotografía, las luces. Por ejemplo, la piel de la cara en un retrato o los cielos blancos de las fotos en blanco y negro, que tan feos quedan y se pueden mejorar con un color azul añilado. Es difícil conseguir una impresión completa de realidad, para lo que habría que degradar los colores (aunque esto también se puede conseguir si no se hace todo de una vez sino que se dan varias manos), pero el resultado no deja de tener su gracia.

 (Luego, con un algodón o un pincel mojados en agua, se saca parte de ese color en los lugares oportunos, y el resultado final de semejantes manejos simularán tenues nubes en el cielo…)

 Esto se suele llevar a cabo con acuarelas y pinceles, aunque cualquier tinta soluble en agua sirve, como las que se utilizan en pastelería para teñir las tartas, e incluso las de los rotuladores (las que tienen dentro), una vez diluidas y aplicadas con trozos de algodón; eso sí, con bastante agua.

La tercera de las técnicas que se pueden aplicar a la pintura de fotos es la que hace uso de espráis y aerógrafos. Para ello se salvan con cartulinas recortadas las zonas que no queramos pintar, y aplicamos suavemente y a distancia la pintura sobre el resto, manera de la que se pueden conseguir perfectos degradados y transparencias Los que dominan esta habilidad consiguen algunos efectos fantásticos.

Y, por supuesto, se pueden superponer varias de estas formas de pintar sobre la superficie de una misma fotografía. Una vez iluminada (ya sea con tintas, acuarelas, ceras, etc.), a continuación se realzan las líneas con lápices o rotuladores, lo que suele dar bastante relieve y entidad a la foto acabada.

Lo dicho hasta aquí se puede aplicar a cualquier tipo de superficie, brillante o mate, pero los resultados más correctos, en mi opinión, se consiguen trabajando con ceras y lápices de colores sobre superficies mates (puesto que esta técnica no funciona en las brillantes).

Un detalle fundamental que hay que advertir de antemano, es que las fotos coloreadas quedan mucho mejor si la copia sobre la que se trabaja está previamente virada en sepia, y aún mejor si es de acabado mate y resulta suave a la vista. Sobre esta clase de fotografías, trabajando con goma de borrar, ceras y lápices de colores, y emborronando frecuentemente los trazos con los dedos, se pueden conseguir resultados realmente curiosos.

El motivo de que las fotos viradas (marrones o, mejor, amarillentas) sean más adecuadas para pintarlas una vez acabadas, deriva de lo que en pintura se llama entonación. Si usted ha observado alguna vez un pintor en plena faena, habrá advertido que sobre la paleta no ha extendido un arco iris de colores, sino que se limita a dos o tres básicos (suelen ser blancos, tierras, algún azul…), y con ellos, a fuerza de mezclas, consigue casi todos los matices que la escena requiere. En una fotografía sucede lo mismo. Si con rotuladores de colores vivos nos entretenemos en iluminar una foto en blanco y negro, lo que al final tendremos será una confusión de tonos chillones que resultará desagradable a la vista. Podrá parecer armónica en alguna ocasión, pero eso sólo sucederá muy de vez en cuando y por casualidad. Para evitarlo, lo mejor es partir de un original que ya tenga un color de fondo, como son las fotos sepias, cuyo tono general cálido nos obliga a adaptar a él los colores. Sobre una de ellas quedan muy bien los amarillos, los rosáceos, los verdes…, en especial los tonos suaves.

¿Quiere esto decir que hay que rechazar lo diametralmente opuesto? De ninguna manera, pues con colores vivos también se pueden conseguir magníficos resultados, aunque sea más difícil y haya que acudir a las reglas de entonación de color, que se pueden consultar en manuales y, por supuesto, en Internet.

¿Y qué ocurre, por tratarlo todo, si una vez mediada la sesión de pintura queremos eliminar esta? Las acuarelas, tanto en acabado brillo como mate, no presentan problemas, pues basta con lavar la foto con agua hasta que los colores desaparezcan, y luego dejarla secar. Los lápices y las ceras se limpian con goma de borrar (de las fotos mates), y prácticamente no dejan rastros, pero de los trazos de otros marcadores, como rotuladores de colores oscuros, en especial si la tinta es concentrada y las líneas gruesas, cuesta más deshacerse. Los trazos de rotuladores que utilizan algún disolvente orgánico como diluyente (los que huelen), suelen desaparecer si se los frota con un algodón impregnado en alcohol, aunque pueden dejar marcas, y los rasgos de plumas y plumillas, y también los de rotring, no se pueden quitar de ninguna manera, y además rayan las fotos. En último caso se desecha la copia, se hace otra y se vuelve a empezar.

 

Si el lector quiere ver algunas de esas fotos pintadas, puede ir a esta dirección, en donde hay unas cuantas:

https://docs.google.com/presentation/d/1GAgQzPKCVdz8rDSSNjiFXx8P1qg3KAQxL-NSW4T3JWI/

 


 

RETOQUES

Un aspecto de la pintura sobre copias fotográficas es la que atañe a los retoques. En ocasiones, por mucho cuidado que pongamos, es inevitable que los negativos se manchen o estropeen, lo que se debe a multitud de causas. Por ejemplo, suciedad, tierra, partículas en suspensión, etc., que vienen en el agua del lavado; o también, polvo que se queda pegado a la emulsión durante el secado, o incluso daños mecánicos (rayaduras, etc.) que se producen durante su manipulación o debidos a un almacenaje inadecuado.

Cuando se amplían estos negativos los defectos se aumentan prodigiosamente, y a veces nos encontramos con copias que presentan un aspecto lamentable: un rayón por aquí, un montón de puntos blancos por allá… Para corregir estos defectos se recurre a los retoques.

Retocar una foto consiste en pintar sobre su superficie puntos y líneas que disimulen estas imperfecciones, lo que se consigue de dos maneras.

Si el acabado es brillante hemos de recurrir a rotuladores de agua y color gris (son los mejores) para disimular las faltas de color blanco. Los rotuladores deben ser finos, incluso muy finos, y preferiblemente algo gastados, pues es preferible dar varias manos a los defectos en cuestión e ir observando lo que sucede, que intentarlo de un solo trazo, que nunca igualará con lo que le rodea.

Si los puntos y rayas que vemos son negros u oscuros sobre fondo claro (caso de las rayaduras en la emulsión), se retocan peor, pero también puede hacerse con ayuda de unas acuarelas de diferentes densidades de gris que, expresamente para ello, venden en las tiendas de fotografía. Se aplican con agua y pinceles muy finos, y si ponemos el debido tesón y cuidado, en seguida conseguiremos resultados aceptables.

Si lo que tenemos que retocar son fotos de acabado mate, lo tenemos más fácil, pues basta con un simple lápiz (mejor blando), una goma de borrar, una cierta habilidad y bastante paciencia para deshacernos de cuanta manchita blanca se presente ante nuestros ojos. Las oscuras sobre fondo claro son otro cantar, y para eliminarlas hay que utilizar las acuarelas citadas.

Si las copias que tenemos que retocar están viradas, ya sea en un color u otro, como es lógico deberemos utilizar pinturas o lápices que igualen ese color, pero esto es fácil de hacer y no exige otra cosa –como ya se ha dicho– que paciencia, mucha paciencia. De esta forma, y si se pone suficiente empeño, ¡a lo mejor hasta nos convertimos en artistas del retoque!

 


 

CAPÍTULO 6

FINAL

Aquí acabamos esta historia. Hemos aprendido varias cosas y voy a repetir las más importantes, a saber:

1/ Revele los negativos con todo cuidado, son sus originales, y no se olvide de hacer la prueba de la gota cada vez que revele uno; de lo contrario, lo lamentará.

2/ No manipule los negativos en vano. Manténgalos siempre en sus fundas, estas en cajas, y todo ello guardado lo mejor posible. Así le durarán más. Si quiere ver fotos, o buscar alguna determinada, utilice sólo las hojas de contactos.

3/ Numere y feche los negativos y contactos para ejercer un control lógico sobre el archivo.

4/ Haga todo tipo de pruebas al hacer copias. Más vale dedicar una hoja de cada sobre a ello, que perder medio sobre por no hacerlo; sale mucho más barato y aprenderá antes.

5/ Las copias acabadas se pueden virar a multitud de tonos, e incluso pintar, con lo que sus amistades quedarán impresionadas.

6/ Diviértase. Si se aburre, o todo esto le parece muy complicado y farragoso, cambie de actividad.

 

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