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CAPÍTULO 5,1

OTRAS MANIPULACIONES (POSTERIORES) SOBRE LAS COPIAS YA ACABADAS:

VIRADOS


 

LOS VIRADOS

Se dice que se vira una foto en blanco y negro cuando se cambia el color negro (y gris, por lo tanto; los blancos permanecen inalterados) por otro a nuestra elección, siempre dentro de las limitaciones que determinan estos productos químicos. No hay una paleta continua sino que hay que atenerse a varios colores básicos, pero si se sabe hacer, se pueden conseguir muchas tonalidades diferentes.

Los viradores, en principio, no sólo no estropean las fotos o disminuyen su vida, sino todo lo contrario. Si se quiere conservar eternamente una fotografía, lo mejor es virarla a fondo con un virador sepia (de sulfuro de sodio) o de selenio. Sin embargo, para conseguir los mejores resultados visuales es preferible no hacerlo a fondo sino sólo de una manera parcial. De esta forma las copias quedan algo inestables pero el resultado es mucho más artístico y, ¿a quién le interesa ver la misma foto durante más de 20 años? Además, y como venimos diciendo a lo largo de este escrito, si el negativo está bien revelado, fijado y lavado, siempre lo tendrá disponible para hacer una nueva copia.

 

VIRADOR SEPIA

El virado por antonomasia es el virado sepia. Es el de las fotos que llamamos antiguas, aunque en muchos casos este efecto no se debe a ningún virado sino a deficientes lavados, sumado a que han pasado muchos años, y las fotos mal lavadas amarillean con el tiempo. Con él se consigue colorear los grises de tonos que van del marrón al amarillo, dependiendo de la concentración del virador. (Virador, en el virado sepia, es el segundo líquido; al primero de los que vamos a usar le llamamos blanqueador). En el mercado existen ya preparaciones específicas para ello. El virador sepia más común es de la marca Tetenal. Las soluciones de trabajo, es decir, los líquidos ya diluidos, pueden guardarse durante mucho tiempo y reutilizarse hasta que se agoten, en cuyo caso se añade más concentrado a lo que ya tenemos, o se tiran y se prepara otro.

Este proceso se efectúa a plena luz (lo que es de agradecer porque la luz roja, a la larga, cansa bastante), al lado de un grifo (en un fregadero, por ejemplo) porque continuamente hay que lavar las copias, y sólo con dos cubetas. Utilice para el blanqueador (es un líquido amarillo) la que habitualmente usa para el revelador, y para el virador (líquido transparente y maloliente, aunque no es venenoso en absoluto) la que usa para el baño de paro.

Para conseguir los mejores resultados, diluya el blanqueador mucho más de lo que dice el folleto de instrucciones. Por ejemplo, 50 partes de agua por cada una de líquido concentrado. (En este caso para hacer un litro de blanqueador sólo necesitará 20 cc de concentrado; use la probeta para medirlo). Prepare una botella para poder guardarlo y rotúlela como Virador 1. Eche el líquido en la cubeta rotulada como rev, es decir, la que utiliza habitualmente para el revelador de papel. Observará que es un líquido amarillo, y –esto se lo digo yo– evite meter los dedos en él; si los tiene que meter tampoco pasa nada, pero evítelo en la medida de lo posible; utilice las pinzas para meter y sacar las fotos. Y no olvide que estos frascos, y todos los demás, deben estar fuera del alcance de los niños.

Diluya el segundo líquido (en la botella suele poner toner) en una proporción similar o aún menor; digamos, 10 cc para un litro de agua. Prepare otra botella y rotúlela como Virador 2. Este líquido huele acusadamente a huevos podridos (lógico, puesto que se trata de sulfuro de sodio), pero no es malo para la piel sino todo lo contrario; de hecho, en algunos balnearios para afecciones cutáneas hay piscinas de aguas sulfuradas que están llenas precisamente de él. Échelo en la cubeta rotulada como paro (la del baño de paro) y proceda.

 

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Foto en blanco y negro para ser virada

BLANQUEADO

Se sumerge la copia a virar (da igual que esté seca o mojada) en el primero de los líquidos, el de color amarillo. Al principio no sucede nada, pero luego observamos que la foto se va, poco a poco, blanqueando. (La velocidad de esta parte del proceso depende sobre todo de la concentración del líquido; debe tardar de 3 a 5 minutos, y si se blanquea excesivamente rápido los resultados finales no son tan buenos). Va perdiendo tonos; primero los grises más tenues, luego los medios (que en vez de desaparecer se convierten en pardos), y por fin ataca al negro. Si se deja continuar el proceso la foto se borra del todo, lo cuál es fatal para el resultado último.

Si el blanqueador está recién hecho, es decir, es muy activo, el proceso de borrado (blanqueado) se produce de manera rápida, y ante ello hay que estar prevenido.

Esto es importante: no se debe dejar que la copia se blanquee del todo, sino que antes de que comience a actuar sobre las zonas negras es preciso interrumpir el proceso, lo que se consigue sacándola de la cubeta y pasándola por agua corriente. Esto es cuestión de segundos, pues basta con colocarla debajo del agua del grifo hasta que desaparezca por ambas caras el color amarillo del líquido.

 

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La misma foto tras ser blanqueada

VIRADO: CONSIDERACIONES PREVIAS

Ahora la copia está blanqueada y, por lo tanto, preparada para ser virada, lo que se consigue introduciéndola en el segundo líquido, que ya tendrá en la cubeta rotulada como paro…, pero cuidado.

Antes de hacerlo lea estas líneas, porque de repente todos los tonos que habían desaparecido en el blanqueador van a aparecer de nuevo como por arte de magia, sólo que de diversos matices y tonalidades, algo entre marrón oscuro y amarillento dependiendo de varios factores:

1/ la concentración de este segundo líquido (el virador o toner), y

2/ la cantidad de revelado que tuviera la copia antes de ser blanqueada, cantidad que a su vez depende de otros dos factores, a saber:

1/ el tiempo de exposición que tuvo la copia bajo la luz de la ampliadora, combinado con

2/ el tiempo de revelado, o sea, el tiempo que ha estado revelándose en la cubeta del revelador.

 (Habría que hacer mención también de la concentración, de la temperatura e incluso de la clase de revelador, puesto que hay reveladores más o menos duros. Sin embargo, con objeto de simplificar supongamos que ha usado usted Neutol o cualquier otro revelador común, y que la concentración ha sido la usual: 12 partes de agua por 1 de Neutol concentrado).

 

Los valores para estas variables –tiempo de exposición y tiempo de revelado cuando se hizo la copia– que dan tonos más agradables a las copias al ser viradas (más amarillentos, pero esto es cuestión de gustos) podrían ser:

un poco más del tiempo correcto de exposición para que la foto en blanco y negro saliera bien equilibrada de grises (si este valor fuera de 10 segundos habría que darle 15, más o menos),

y algo menos del tiempo correcto sumergida en el revelador. Si lo habitual es tenerlas en este líquido (el revelador) de 3 a 4 minutos, convendría mantenerlas en él tan sólo de 2 a 3, teniendo en cuenta siempre que tras el revelado los negros deben aparecer como negros (lo que en términos fotográficos se expresa como que los negros deben haberse cerrado), y no como grises oscuros. Si no, al blanquear antes de virar perderá mucho contraste, efecto indeseable.

Y debemos añadir, respecto a qué clase de fotos son las que quedan mejor una vez viradas, que para conseguir mejores tonos finales se debe usar papel con un grado de contraste mayor que el que usaría si la foto no se fuera a virar; es decir, si la foto queda bien en blanco y negro con papel de grado 2 de contraste –por ejemplo–, para conseguir los mejores resultados tras el virado, cópiela en papel de grado 3.

 

Los párrafos anteriores, que habrán aterrado a más de uno (o de una), son absolutamente literales. Si algo se aprende cuando uno vira sus copias es que este proceso es, aparentemente, incontrolable. Puede usted repetir una foto determinada y controlar de una forma exhaustiva todas las variables…

(siempre el mismo papel; el mismo tamaño; el mismo revelador a la misma concentración y la misma temperatura; el mismo tiempo de exposición y el mismo de revelado, etc., etc., etc.)

… y descubrirá que, tras virarlas, NO son exactamente iguales. Esto se debe a que en la práctica es imposible controlar todos estos valores al cien por cien, dándose siempre pequeñas variaciones en ellos, aparte del hecho de que la concentración de este segundo líquido (el primero, el blanqueador, influye poco) también afecta al resultado final, pues se da la circunstancia de que según vamos virando copias la concentración va disminuyendo, puesto que metemos en él copias mojadas, o lo que es lo mismo, añadimos agua.

 

VIRADO PROPIAMENTE DICHO

Como puede que esté usted a punto de tirar la toalla y dejar los virados por imposibles, haremos caso omiso de todas las consideraciones anteriores, por lo menos de momento, y pasaremos al terreno práctico.

Sumerja la copia ya blanqueada en el líquido maloliente y observe qué sucede. Los tonos que habían desaparecido aparecen en colores parecidos al marrón, más o menos oscuros dependiendo de si los grises de que derivan eran más o menos oscuros. Cuando le guste su aspecto apresúrese a sacarla del líquido y póngala debajo del chorro de agua porque el proceso no se corta de golpe; en este sentido, es recomendable sacarla un poco antes, pero esto es ya cuestión de práctica. Lávela hasta que el olor a sulfuro de sodio desaparezca (un minuto o dos).

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Virada a fondo (los tonos marrones suelen tirar a rojizos).

Si los resultados le parecen buenos ha acertado, pero si le parece que ha quedado demasiado oscura, o los tonos marrones demasiado marrones, que suele ser lo que más a menudo sucede, puede rebajar la concentración de este líquido añadiendo agua por el procedimiento más fácil y rápido: poner la cubeta debajo del grifo durante un momento. De esta forma, el proceso será más lento y manejable y las siguientes que vire quedarán más suaves.

A continuación vire otra copia y compare. Probablemente los marrones ya no son tan densos, e incluso es posible que consiga algún semitono (zonas de las fotografías en donde algún gris se ha convertido en un tono plano), que resultan muy agradables a la vista…

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Virada con el virador más diluido. Obsérvese que queda más amarillenta

Y esta es toda la mecánica del virado sepia. Como se ve, en realidad es muy sencillo y las copias mejoran su apariencia notablemente (en algunos casos, no en todos: hay fotos que están mucho mejor en blanco y negro). Sin embargo, y esto lo descubrirá usted mismo en cuanto coja un poco de práctica en semejantes menesteres, los mejores resultados se alcanzan con el tiempo. Experimente con estos líquidos cambiando sus concentraciones y vire fotos de diferentes densidades, muy oscuras o muy claras, muy reveladas o, a la inversa, muy poco reveladas. Observará que los resultados son totalmente diferentes en unos casos y en otros.

 

VIRADOR AZUL

Sin embargo, no todos los viradores son sepias. También hay, como más accesibles, el virador azul, que torna azules las fotos, y el virador oro, que da tonos rosáceos e incluso rojizos, y lo que es más, que se pueden mezclar entre ellos. Esto de las mezclas es muy interesante y se consiguen resultados sumamente curiosos, pero lo dejaremos para el final. Hablemos ahora del virador azul.

Esta clase de virado también está disponible en el mercado. Se prepara según las instrucciones adjuntas pero conviene diluirlo más (añadir más agua) que lo que dice el prospecto. Una solución de trabajo interesante (me refiero al virador azul de la marca Tetenal) podría ser la conseguida con 400 cc de agua y 25 cc de cada frasco que viene en el envase; como los frascos son tres tendremos 475 cc (casi medio litro) de solución, cantidad suficiente para trabajar en cubeta. La solución de trabajo se puede guardar en una botella rotulada (para saber qué es, aunque su aspecto es inconfundible porque, aunque al principio es amarilla, como el blanqueador del sepia, en seguida se vuelve azul) y usarla varias veces, aunque no dura mucho tiempo en buenas condiciones.

Es un virado de un solo baño y también se hace a plena luz. No obstante, un blanqueado final con el blanqueador del virador sepia (el líquido amarillo) conseguirá sacar azules mucho más interesantes. Este virador (el azul) mancha mucho las cubetas, pero dado que lo que mejor disuelve estas manchas es el fijador común y corriente, utilice esta cubeta para ello; así, las posibles manchas desaparecerán cada vez que eche fijador en ella.

El procedimiento podría ser algo así: prepare el líquido, échelo en la cubeta que use para el fijador y sumerja la foto. Este líquido tarda en actuar, dependiendo de su concentración, entre 2 y 5 minutos. Cuando vea que se ha alcanzado la tonalidad deseada, porque el efecto es progresivo, saque la foto y lávela con abundante agua (fría) hasta que las zonas blancas estén totalmente blancas. Observará que las zonas negras siguen negras pero con un cierto fondo azul muy oscuro, y que lo que antes eran grises son ahora diversos tonos azules.

La copia, así, está acabada, pero, como decíamos antes, puede ahora efectuar una segunda parte del proceso que no está en el programa, esto es, que no viene descrita en el folleto de instrucciones, y que consiste en rebajar los azules metiendo la copia azul, una vez bien lavada (de 5 a 10 minutos con el grifo corriendo), en el blanqueador, que es el primer líquido del virador sepia. El efecto que pretendemos conseguir es ir eliminando progresivamente parte de los tonos oscuros que habrán quedado debajo, por lo que los azules se vuelven mucho más intensos, pero cuidado, no se pase de tiempo, porque si rebaja en exceso la copia, los negros dejarán de serlo, y este es el peor efecto.

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Virada en azul.

El inconveniente de hacer esto es que la copia resultante queda algo inestable, es decir, puede cambiar espontáneamente con el tiempo, la luz ambiente y el aire, que la oxida. Si la coloca en algún lugar en el que la dé el sol, es posible que con el tiempo le salgan ciertas manchas de color marrón, pero dado que en general las fotos no deben ponerse al sol (se acaban borrando, entre otros efectos indeseables), este sería un inconveniente menor.

Cuando este virador envejece hace muchos posos y pierde bastante actividad, aparte de manchar indiscriminadamente las fotos de azul puesto que mancha los blancos (recordemos que los viradores sólo actúan sobre las zonas grises o negras), manchas que suelen desaparecer tras un lavado un tanto prolongado. Cuando esto suceda es mejor desechar el líquido y hacer uno nuevo.

 

VIRADOR ORO

El último virador de que trataremos es el virador oro, goldtoner o virador de selenio, que de todas estas formas se le conoce. Como dijimos, proporciona tonos de rosa a rojo intenso, según el tiempo que mantengamos la copia en el baño. Es un virador de un solo baño, pero tiene la peculiaridad, a veces incómoda, de que sólo actúa sobre fotos ya viradas a sepia, y no sobre copias en blanco y negro. Esto es, si tenemos una copia virada en sepia y la sumergimos en este baño, sus diversos tonos amarillento-marrones irán cambiando a rosáceos y rojizos. El resultado a veces es muy bello pero, por el contrario, es caro y la solución se degrada demasiado rápidamente para lo que nos gustaría dado su precio. Cuando ya no actúa lo único que podemos hacer es tirarle y comprar otro.

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Virado rosa, o goldtoner.

 

MEZCLAS

Hablaremos ahora de algunas mezclas que se pueden conseguir con estos tres viradores, sepia, azul y oro. La más inmediata es la de azul y sepia. Para conseguir fotos que contengan los dos colores siga estos pasos.

1/ Disponga las tres cubetas. En la rotulada como rev eche el blanqueador. En la que ponga paro el virador sepia (el toner), y en la restante, la del fijador, la solución de virador azul.

2/ Blanquee la copia sumergiéndola en el blanqueador, pero no la blanquee demasiado. Los negros deben quedar negros, y los grises medios deben casi borrarse.

3/ Lávela hasta que se quite el color amarillo por ambas caras (unos segundos).

4/ Sumérjala en el virador azul hasta que el azul sea más bien fuerte.

5/ Vuelva a lavarla (esta vez mucho más tiempo; unos 5 minutos) hasta que los blancos vuelvan a estar blancos.

6/ Sumérjala en la cubeta del virador sepia y ponga atención a lo que sucede, porque si la deja mucho tiempo el azul desaparece y acaba por quedar como un virado sepia normal y corriente. Se debe sacar cuando algunos marrones han aparecido (quizá como tonos amarillentos) pero el azul sigue estando presente. Es normal que en muchos casos ese azul tire a verde, debido a que se superponen los tonos amarillentos. Para evitarlo debería cambiar o tiempos de virado o concentraciones, pero la mejor regla es la experimentación. Por lo tanto, en esto como en todo, experimente y no se conforme con los primeros resultados; para hacer pruebas, sobre todo las primeras, puede utilizar trozos de fotos y no ampliaciones que estén perfectas, que podrían llegar a estropearse.

7/ Por último, lávela 1 o 2 minutos más hasta que desaparezca el olor a sulfuro de sodio. Ahora ya puede escurrirla y dejarla secar.

Si aún quiere añadir una etapa más a todo lo anterior, puede hacerlo. Una de estas fotos sepias y azules puede convertirla en rosa y azul por el expeditivo método de sumergirla, una vez efectuado el lavado final, en el virador oro. Los tonos sepias cambiarán a rosáceos, mientras que el azul debe permanecer igual. Una vez conseguidos los tonos deseados deberá volver a lavarla, y una vez seca queda como la que se ve a continuación.

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NOTA ÚLTIMA

Existen igualmente en el mercado diversidad de productos para virar las fotos a cualquier color que se desee. No son propiamente viradores, palabra reservada a cambios puramente químicos…

(el motivo de que las fotos se vuelvan marrones con el virador sepia es que, durante el proceso, la plata metálica de la emulsión, que es negra, se convierte en sulfuro de plata, que es marrón),

… sino más bien tintes, y los resultados suelen ser algo inestables. Una diferencia fundamental entre viradores y tintes consiste en que los primeros no alteran los blancos, y muy poco las luces (zonas claras de la imagen), mientras que los tintes atacan a la fotografía completa, tiñendo tanto luces como sombras, lo que en algunos casos puede resultar un efecto indeseable.

No obstante, puede también experimentar con ellos, pues es posible que consiga resultados que le sorprendan…, como nos sucedió en una ocasión en que un grupo de amigos llevábamos a cabo una de estas sesiones. Aburridos al comprobar que una de las copias se resistía a nuestros manejos, y no parecía que fuéramos a conseguir ningún resultado interesante de ella, alguien le arrojó encima el contenido de su vaso (whiski con agua), tras lo que vimos que variaba su tonalidad muy sutilmente a unos azules y rosas que a todos sorprendieron. Creo recordar que esa copia, que era grande (de 50 por 60 cm), estuvo durante varios años adornando alguna pared de uno de los lugares que frecuentábamos.


Y por hoy no hay más, aunque aún nos queda un último capítulo, el dedicado a los manejos que convertirán las fotos en blanco y negro en fotos de extraño color, o lo que es lo mismo, las fotos pintadas, que la cosa tiene su aquel.

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