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CAPÍTULO 4,3

COPIAS DE CONTACTO

Hasta aquí hemos hablado de cómo es la mecánica de revelado del papel fotográfico, lo que atañe al proceso en sí y a los líquidos que se utilizan, pero la primera tarea que se debería llevar a cabo, incluso antes de ponerse a positivar ampliaciones de cierto tamaño, es la de hacer copias de contacto de los negativos listos para su uso. Es decir, tras tener los negativos revelados, fijados, lavados, secos y metidos en los archivadores, es muy conveniente hacer copias de contacto de ellos. ¿Por qué? Porque es la forma de ver qué hay allí sin necesidad de manipular los propios negativos, que, como ya se dijo, se rayan de mirarlos.

Lo único que tiene valor en blanco y negro son los negativos, puesto que si estos están en buen estado podrá hacer copias de ellos en papel indefinidamente. Como son muy delicados, los negativos son intocables y no se deben manipular en vano; sólo se deben utilizar para hacer copias con la ampliadora. Por ello, para saber qué hay en esos negativos sin necesidad de andarlos manoseando y sacando de sus fundas, es por lo que es muy conveniente hacer esas copias de contacto.

Copiar por contacto, como su nombre dice, consiste en conseguir copias positivas en papel por contacto, o lo que es lo mismo, colocando el negativo directamente sobre la hoja de papel y proyectando luz sobre ello. Como es lógico, si revelamos ese papel de la manera habitual, conseguiremos una copia del mismo tamaño del negativo (24 por 36 mm.), pero positiva. Es decir, veremos la foto con sus blancos, negros y grises reales, y no invertidos, como sucede en los negativos.

A la hora de buscar determinadas fotos, o a la hora de determinar cuál es el mejor de una serie de retratos o de paisajes, resulta mucho más fácil hacerlo con estas copias de contacto y una lupa de las que a tal efecto existen. A continuación se puede ver cómo queda una de estas hojas de contacto hecha en una prensa Paterson.

hoja de contactos 1

En la práctica, lo que se hace es usar hojas de 24 por 30 cmts., y sobre cada hoja colocar alineadas todas las tiras de un carrete, que pueden ser 6 o 7, si el carrete es de 36 fotos. (Deberían ser 6, pero a veces y dependiendo cómo se cargue el carrete en la máquina salen 37 o 38, y habrá un trozo de tira más. Por supuesto, si usted usa carretes de 20 o de 24 exposiciones tendrá que adaptarse a ello y usar otros tamaños de papel, pero esto ya es cuestión de gustos y preferencias).

El proceso es sencillo, pero como se trata de revelar hojas de papel fotográfico, lea usted en el capítulo 3 la parte dedicada a estos menesteres, que lleva por título Revelado del papel.

Se trabaja con luz roja y encima del tablero de la ampliadora. Vamos a suponer que usted tiene un carrete de 36 fotos, cortado en tiras de 6, y va a hacer contactos.

Necesitamos un cristal un poco mayor que la hoja de 24 por 30, con los bordes biselados (para no cortarse los dedos al manejarlo) y algo grueso, esto es, que pese un poco, porque a veces los negativos tienden a abarquillarse y es fundamental que estén en pleno contacto con la hoja de papel. El cristal debe ser totalmente transparente, no mate o antireflejos ni que tenga ningún tipo de trama. Igualmente debe estar impoluto, pues toda la suciedad saldría luego en la copia; por lo tanto, límpielo antes de usarlo.

SE APAGA LA LUZ BLANCA Y SE ENCIENDE LA ROJA

Se coloca una hoja de 24 por 30 cm en el tablero. La luz de la ampliadora debe iluminarla uniformemente, y se debe dejar suficiente margen a los lados y arriba y abajo. (Esto, como es lógico, se hace con el filtro rojo de la ampliadora puesto, pues si proyectara luz blanca sobre el papel, este se estropearía).

Se alinean cuidadosamente y poniéndolas en orden, que para eso está la numeración de los bordes, las tiras del negativo sobre el papel, y una vez todo bien dispuesto, se coloca encima el cristal. Se quita el filtro rojo de la ampliadora durante los segundos necesarios (es decir, se expone el papel) y se apaga la luz de la ampliadora o se vuelve a poner el filtro rojo. Con esto hemos expuesto la hoja de papel.

Se levanta el cristal, las tiras de negativos se devuelven a sus fundas, y la hoja se revela normalmente, es decir, tal y como se explica en páginas anteriores.

Si usted se está preguntando cuántos segundos son necesarios de exposición, la respuesta es clara: haga pruebas. Corte un trozo de papel de la misma clase del que vaya a usar y haga un trozo de contacto de algún negativo que tenga una densidad media, esto es, que no sea ni el más opaco ni el más transparente del carrete. Dele, por ejemplo, 10 segundos. Revele este trozo normalmente y juzgue. Si es necesario haga más pruebas hasta dar con la exposición adecuada. (De las pruebas se ha hablado ampliamente antes, en la parte dedicada a revelar ampliaciones).

Una alternativa que vale la pena considerar, por la limpieza que supone y el buen efecto que produce, es la utilización de alguna prensa de contactos de las que hay en el mercado; la Paterson, por ejemplo. Con ella, en cuanto se le coge el tranquillo, se trabaja muy rápidamente y las hojas de contacto pasan a ser objetos muchos más serios que si se trabaja con un simple cristal. Además, por su misma mecánica, desaparecen posibles problemas de abarquillamiento y la prensa produce espacios para escribir fechas, números –el número de la hoja, como es lógico, debe ser el mismo que el de su correspondiente negativo– y otros datos, que es fundamental para ordenarlas.

En relación con los contactos se puede añadir, ahora que sabemos qué son y cómo se hacen, que su utilidad es grande. Si usted sólo tiene diez o doce negativos y no piensa hacer más, es claro que no le van a servir de mucho, pero si pretende hacer un archivo en condiciones y tener una cierta continuidad en estos asuntos, necesita una forma lógica de archivar. Cuando pasan los años y uno no se ha preocupado de sistematizar estas cosas, sucede que los negativos se acumulan sin ton ni son y nunca se sabe lo que se tiene y lo que no. Es decir, se ejerce poco o ningún control sobre el archivo en sí. Almacenar en cajas hojas de contactos numeradas y ordenadas correlativamente es la forma más económica de llevar un control sobre la cantidad de material archivado. Por ende, una hoja de contacto (un rollo) ocupa muy poco lugar, sobre todo dada la cantidad de información que contiene.

Las hojas de contactos, pese a que las fotos en ella impresas son pequeñas, se ven, hasta en su menor detalle, mucho mejor que a simple vista con una lupas específicas para estos menesteres (que se venden en las tiendas), o con cualquier otra.

Resumiendo se puede decir que,

1/ lo que se maneja habitualmente para buscar fotos, o simplemente verlas, son las hojas de contactos,

y 2/ que sólo a la hora de hacer copias se usan los negativos. Y ni que decir tiene que todo este sistema de archivo se puede aplicar de la misma manera a las fotos en color. (Hay laboratorios que hacen contactos de los negativos en color si se encargan.)

 


 

ORGANIZACIÓN DE UN ARCHIVO

La forma más lógica de ordenar un archivo de negativos (y de contactos, por lo tanto) es por alguno de los datos que de ellos apuntamos, ya sea el número, la fecha… Como resulta evidente, si los numeramos correlativamente en el tiempo, el negativo 3 será más antiguo que el 4, el 20 más antiguo que el 21 y así sucesivamente.

Para tener los materiales ordenados, esto debe hacerse con el material químico, ya sea en blanco y negro o en color, pero también con las fotos digitales.

Es cierto que la fecha y la hora de la foto (y otros parámetros que, a mi juicio, no interesan nada) se graban en el archivo automáticamente en el momento de disparar la cámara (en el caso de las digitales), e incluso hay aparatos que, haciendo uso del GPS, nos indican las coordenadas geográficas, pero lo realmente importante, esto es, quién o qué es lo retratado, son datos que deberemos introducir manualmente, como se ha hecho siempre. No hay nada más frustrante que buscar algo antiguo y no encontrarlo, y mira que es fácil ordenar, sobre todo si se cuenta con el ordenador.

En definitiva: todo debe estar ordenado y etiquetado, en especial si usamos la cámara (o el móvil) con frecuencia, y para ello doy una receta.


 

HACER UNA BASE DE DATOS

Que no se asuste nadie, pues no hablo de crear una base de datos completa y para la que se requieran conocimientos informáticos, sino de algo mucho más inmediato y evidente que está al alcance de cualquiera (aunque hace falta un ordenador).

A mi juicio, los datos más importantes a tener en cuenta a la hora de hacer una base de datos descriptiva de su archivo de fotos son cuatro:

1 – Número del rollo

2 – Fecha en que se hizo

3 – Personajes que aparecen en ese rollo

4 – Lugares en los que se tomaron las fotos que lo componen

 

Algunos fotógrafos apuntan también los datos técnicos, como cámara usada, número f:, exposición, longitud focal del objetivo, etc., pero desde mi particular punto de vista, esto es ocioso. Los únicos que vamos a necesitar en el futuro, a la hora de buscar fotos antiguas, son los nombres de las personas que allí aparecen, los lugares en que se tomó la foto y la fecha en que se hizo. La prueba de ello es que cuando uno se pregunta algo, no es, ¿qué fotos he hecho con un objetivo de 50 mm?, o ¿en qué fotos he dado exposiciones largas?…

Estas serían cuestiones muy especializadas que quizá en algún caso sean de utilidad, pero lo habitual es decirse a sí mismo: ¿qué fotos tengo en el archivo de fulano de tal…, o de la provincia de Salamanca?, por poner unos ejemplos. O también, ¿dónde andaba en la primavera del año 2000?

Y si sólo necesitamos estos 4 campos, no vale la pena hacer una base de datos clásica, sino que un simple archivo de Word nos puede servir.

En un renglón apuntamos el número del negativo, y a continuación la fecha y algunos datos raros que nos interese anotar. En la línea siguiente, los lugares que aparecen, y en la siguiente, los nombres de las personas. Esto sería lo referente a cada carrete (36 fotos), y para cada uno habría que repetir la operación. Un fragmento de lo que digo queda parecido a esto:

 

2957: 9,10-00 (leica) bodapablalve jomanchi barnoche pintada”la negra” platoscomida

2957 pablalve chitalve analain crisalve mercibañ isabellaguapa gonzalve gelogoac juanalve pacolain madredemanolain lucilain lucialve martpiri javiylle javiparr mariparr moncburg carlmart pablruba camarerokopa

 

2958: 10-00 casadeelvibuel arnia

2958 margbuel elvibuel ramogarc sergvill

 

2959: 10,11-00 arnia pintada”haycostopaki” jomanchi somocuevas casamikialba

2959 pamanes lechedelmilenio condeluna

2959 eldeljomanchi felicamp gentedeljomanchi rubejoma ramogarc brai margbuel juanalve mikialba begoñachachadechitalve martpiri maripiri javiylle emmafern luisagui anabana mariparr javiparr belealon elvibuel juanagui maramor

 

2960: 11-00 arnia mulata santanderurbana barflorida laola la 36=urros cielo…

2960 emmafern luisagui belealon margbuel javiparr mariparr belealon2 elvibuel2 elvibuel mujerdejosevill paulvill javiylle

(En las anotaciones anteriores se puede observar que se han utilizado claves para designar las personas y algunas cosas. Por ejemplo, alguien que se llame José García quedará inscrito como josegarc, cuatro primeras letras del nombre y cuatro primeras del apellido; esta clase de trucos ahorra mucho tiempo de escritura).

 

Luego, a la hora de buscar algo en ese archivo (de Word), basta con pulsar Ctrl+B, y en la pantalla subsiguiente introducir el texto fulano de tal. Si se inicia la búsqueda el programa nos irá mostrando sucesivamente las veces que tal cadena de texto aparece en el archivo, cada una en lugares en que, además, figura con la fecha, el lugar en que se hizo y el número del carrete. Basta entonces ir a los contactos almacenados para encontrar fácilmente esas fotos…, pero, ya digo, esto en el caso de que tengamos muchísimos originales, porque si sólo tenemos unos cuantos no vale la pena tomarse semejante trabajo.

Mi experiencia es la siguiente: cuando modernamente decidí poner orden informático en el archivo, pasé cinco meses viendo hojas de contactos y tecleando todo esos datos en un archivo de Word. Y cuando decidí digitalizar, no los datos, sino las imágenes (y no todas, sólo unas cien mil que me parecieron mejores, entre las que había infinidad de fotos entresacadas de los carretes en blanco y negro y multitud de diapositivas en varios formatos, aparte de los archivos de mi padre y de mi abuelo), estuve nueve meses sin parar.

¿Y para qué sirve todo esto?, parece la pregunta obligada. Pues para lo que digo, encontrar lo que se desee de manera rápida. Cada cual tiene sus manías, y la mía es la del orden, y si se tiene cerca de un millón de originales…

Por otra parte, muchísimas de esas fotos se pueden ver en Internet, unas aquí, otras allá… He puesto tal cantidad de ellas que he perdido la cuenta de dónde están, pero basta con escribir “camargo rain” en Google para que aparezcan centenares (algunas no son mías, como sucede siempre, pero la mayoría sí). Si alguien siente curiosidad, ahí las tiene.


 

Hasta aquí hemos tratado cuestiones puramente técnicas y relacionadas con la fotografía en blanco y negro, como son los procedimientos que nos llevarán a conseguir negativos bien revelados, copias (o ampliaciones) bien expuestas y hojas de contacto con las que formar un archivo lógico. ¡Ah!, pero queda una parte muy importante y que a todo el mundo suele divertir, como son la manipulaciones posteriores al proceso puramente químico, porque ¿hemos agotado aquí el tema? Ni muchísimo menos, ya que ahora, cuando tenemos las copias y ampliaciones en la mano, podemos seguir transformándolas. ¿Cómo? Muy sencillo: virándolas y pintándolas, lo que se hace con luz normal (desde este momento nos podemos olvidar de las luces de seguridad, que tan incómodas resultan para la vista y el cerebro).

Así pues, no se pierda el próximo capítulo, que aparecerá próximamente y en el que se hablará de los virados, la pintura y los retoques.