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CAPÍTULO 4,2

REVELADO DEL PAPEL

POSITIVADO DE COPIAS O AMPLIACIONES

(Viene de la entrada anterior.)

Bien, ya está listo y puede comenzar a copiar los negativos. Para ello, siga los siguientes pasos:

1 – Apague la luz blanca y encienda la de seguridad (roja o amarilla).

2 – Elija el negativo que quiere copiar, colóquelo en el portanegativos de la ampliadora y encienda la luz de esta. Sobre el tablero verá proyectada la imagen de este negativo con los tonos invertidos: lo que era blanco (las luces) es ahora gris oscuro o negro, y lo que eran zonas de sombra se muestran como luces más brillantes; si es necesario, centre el negativo con cuidado de no moverlo sin liberarlo de la presión a que lo somete el portanegativos (se rayaría).

Para estos manejos, consulte el folleto de la ampliadora y, con la luz encendida, familiarícese con sus diversos mecanismos, portanegativos, filtro rojo de quita y pon, enfoque, diafragma del objetivo, marginadores y demás.

(Puede verse una imagen de una ampliadora en la entrada anterior.)

Determine el encuadre

¿Qué es el encuadre? Como es lógico, cuando se va a ampliar una fotografía, no es obligado hacerla entera, pues podemos copiar tan sólo una parte de ella. Se pueden eliminar los bordes sobrantes, o se puede ampliar algún trozo que nos interese, una cara, un detalle de un paisaje…; en fin, cualquier cosa que a usted le interese. Es por ello que se hace preciso delimitar, aunque sea mentalmente, cómo se va a encuadrar la fotografía, pues el tamaño del papel que use dependerá de ello.

3 – Determine ahora a qué tamaño quiere hacer la foto, ya sea entera o un trozo. Suba o baje el cuerpo de la ampliadora hasta dar con el tamaño adecuado, proyectando el haz rojo sobre el papel.

4 – Una vez determinada la altura de la ampliadora aparte el papel que va a usar fuera del alcance de la luz de la ampliadora, retire el filtro rojo y, con la foto proyectada en blanco sobre el tablero, enfoque.

Enfoque con precisión, porque si no la copia quedará desenfocada y esto resulta muy feo; si es preciso, ayúdese con una lupa. Si tiene buena vista verá sin dificultad el grano de la película (las partículas que componen la emulsión), lo que le servirá para enfocar: cuando el grano es nítido e indistinto la foto está enfocada. Si no ve el grano (puede suceder que éste sea muy fino) mire a algún borde con contraste, zonas en que se mezclan un blanco y un negro. Estos bordes suelen ser muy definidos y útiles para el enfoque.

5 – Una vez enfocada la foto determine qué diafragma va a usar porque, aunque aún no se haya dado cuenta, el objetivo de su ampliadora también tiene diafragma, igual que los de las cámaras, y sirve para lo mismo: limitar la cantidad de luz, en este caso la que va a incidir en el papel a la hora de hacer la foto.

Enfocar se enfoca con el diafragma abierto por completo, pero la exposición se da con el diafragma colocado en la posición adecuada. ¿Cuál es ésta? Depende de varias cuestiones:

1/ De la densidad de su negativo o, lo que es lo mismo, de lo opaco que esté. Si está muy oscuro y cierra mucho el diafragma, deberá dar una exposición muy larga, aparte de que no verá nada de lo que está haciendo. Si, por el contrario, el negativo es muy transparente y el diafragma está muy abierto, deberá dar una exposición muy corta, y tiempos muy cortos son difíciles de medir.

2/ De la nitidez que se quiera conseguir. Los diafragmas producen un efecto de mayor nitidez a unos valores que a otros. En líneas generales se puede decir que si lo colocamos a f:8 o f:11 conseguiremos la mayor nitidez.

En consecuencia, tienda a dar tiempos de exposición parecidos a sus fotos.

(el tiempo de exposición es el lapso temporal durante el que la luz blanca de la ampliadora incide sobre el papel, es decir, cuando lo impresiona)

En las que estén más oscuras (más opacas) ponga el diafragma a 5’6, por ejemplo. En las que estén más transparentes cierre el diafragma hasta 8 u 11, siempre teniendo en cuenta que si se requiere mayor nitidez deberá cerrarlo más y, por tanto, aumentar el tiempo de exposición. Como norma general para no complicar más las cosas, use 5’6 u 8.

El mecanismo de todos los diafragmas está construido de tal forma que a cada paso (por ejemplo, de 8 a 11) la cantidad de luz que deja pasar se dobla si se abre, o se divide por dos si se cierra. Como es lógico, lo hemos abierto cuando vemos que aumenta la luz, y cerrado si se atenúa, pero la proporción es siempre la misma: a cada paso, doble o mitad. (Esto quiere decir que, si para que una copia determinada quede bien debe darle 10 segundos [lo que habrá determinado haciendo PRUEBAS], si cierra el diafragma un punto [de 8 a 11, por poner un ejemplo], la nueva exposición deberá ser de 20 segundos.)

 

LAS PRUEBAS

6 – Una vez establecido el diafragma que va a usar, ponga el filtro rojo y dispóngase a hacer pruebas si no quiere malgastar tontamente el papel.

Las pruebas sirven para precisar la clase de papel que hemos de usar (en lo que se refiere al contraste) y el tiempo de exposición que hemos de darle para que la foto salga como queremos, aunque este concepto, el de cómo queremos, sea más que discutible. De hecho, hay tomos enteros que sólo tratan de eso, porque ¿qué es una foto bien revelada?

Desde un punto de vista académico este concepto se refiere a la cantidad de grises diferentes que se pueden conseguir. Una foto en papel se compone sólo de grises. En este sentido, un valor 100 es negro, 0 es blanco, y los restantes tonos intermedios, la escala de grises. Si conseguimos 100 grises diferentes estaremos en una situación óptima y probablemente esto signifique que estamos usando el papel adecuado combinado con el revelador adecuado (hay muchas clases de papeles y de reveladores), todo ello aplicado a un negativo con una gama de grises total, pero en la práctica las cosas son muy distintas. Por una parte nunca se dispone de los elementos óptimos, y por otra, ¿a quién le preocupan al principio las fotos académicas? La teoría de grises y semitonos, de la que ya hemos dicho que da para escribir muchas líneas, se sale por completo de los límites de este método y tan sólo podemos hacer algunas observaciones de carácter general.

En primer lugar hay que considerar el grado de contraste del negativo que vamos a copiar. Si este está muy contrastado (es decir, tiene zonas muy opacas junto a otras muy transparentes) deberemos usar papel de bajo contraste. Por el contrario, si el negativo es de muy bajo contraste (quiere decirse: si es muy uniforme, no importa si de forma transparente u opaca) usaremos papel de mayor contraste. Como se ve, en esto, como en todo, se trata de igualar en la medida de lo posible los valores y variables que nos vayan surgiendo.

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Negativo con poco contraste: necesitaría papel duro

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Negativo muy contrastado: hay que hacer la copia sobre papel de bajo contraste.

Como es lógico, se pueden conseguir diversos efectos especiales haciendo exactamente todo lo contrario a lo aquí sugerido. Por ejemplo, si un negativo terriblemente duro (contrastado) se copia en papel de mucho contraste, conseguiremos una foto en la que sólo haya blancos y negros y ningún gris, y esto, a veces, también puede ser útil.

Supongamos, para abreviar, que queremos copiar un negativo de contraste normal y que vamos a usar papel normal, esto es, del 3. Llega ahora el momento de establecer el tiempo de exposición, o lo que es lo mismo, la cantidad de tiempo que la luz blanca de la ampliadora debe iluminar el papel. Para conseguir un valor exacto se actúa por aproximación, y para ello hay diversos métodos. (Por supuesto, existen en el mercado fotómetros de ampliadora, pero nosotros haremos como si no fuera así).

La forma más inmediata es hacer una tira de prueba.

Se corta una tira de la clase de papel que vayamos a usar, de unos 10 cmts. de larga.

Para esto de las pruebas, lo mejor suele ser dedicar una hoja de cada sobre a ello. Para hacer una prueba se corta una tira, sí, pero el resto de la hoja se guarda en el sobre para cortar tiras posteriores. Si son hojas de 24 por 30 cm, con media hoja, es decir, un trozo de papel de 15 por 24, tendría material suficiente para hacer 10 o 12 pruebas, y el resto, el otro trozo de 15 por 24, lo puede usar para alguna ampliación. De todas formas, no hay que ser rácano con esto del tamaño de las tiras de prueba, pues observar y experimentar nos ahorra tiempo, dinero y papel a la larga, y yo recomendaría que, al principio al menos, se hagan menos ampliaciones serias y acabadas y se dedique más tiempo a probar esto y lo otro y observar los resultados; luego, cuando ya estemos más seguros del terreno que pisamos, es cuando con más conocimiento de causa podremos ponernos a hacer esas ampliaciones serias.

Esta tira se coloca estratégicamente con la cara sensible hacia arriba (por supuesto, con el filtro rojo puesto) en algún lugar de la foto que nos interese. (Si se trata de un retrato la elección es inmediata: en los ojos.) Supongamos tal cosa. Coloque el diafragma a un valor medio (por ejemplo, a 8) y con la tira puesta en su sitio y todo preparado, proceda así:

1/ Quite el filtro rojo y dé una exposición de, por ejemplo, 5 segundos. (Mídalo con el reloj). Vuelva a poner el filtro.

2/ Tape una cuarta parte de la tira interponiendo la mano en el trayecto de la luz, pero sin tocarla ni moverla. Vuelva a quitar el filtro e ilumine otros 5 segundos. Ponga el filtro.

3/ Tape otra cuarta parte de la tira (ahora está tapando la mitad) y repita todo.

4/ Corra aún más la mano y tape tres cuartas partes de la tira. Repita la operación de antes y no olvide poner el filtro.

(Por supuesto, todo esto lo puede hacer sin andar cerrando y abriendo el filtro rojo; basta con que cada 5 segundos vaya corriendo la mano de sitio; eso sí, deberá cerrarle al final).

Respire.

Tras esta complicada operación, lo que ha conseguido es una tira de prueba dividida en 4 partes, en la que una de ellas tiene 5 segundos de exposición, la siguiente 10, la siguiente 15 y la última 20. Ahora se trata de revelarla y observar cuál es el valor que más se aproxime a lo correcto.

Eche, con cuidado de no salpicar, el revelador (que ya debe tener preparado, diluido) en la cubeta más cercana a usted. Sumerja la tira de prueba en él ayudándose con la pinza del revelador (no meta los dedos). Espere un minuto. Si no sucede nada dé la vuelta al papel, porque lo más probable es que lo tenga con la cara sensible hacia abajo. Si a pesar de esto, en la otra cara tampoco hay nada, espere un minuto más; revise el papel por ambas caras y, de seguir así las cosas, saque consecuencias.

Esto puede deberse a multitud de causas. Por ejemplo, en vez de echar revelador en la cubeta ha echado agua o, lo que sería peor, fijador; en ninguno de estos dos casos hubiera aparecido ninguna imagen en la tira de prueba. Sin embargo, si comprueba que el líquido es efectivamente revelador en buen estado, la razón más probable y lógica es otra: quizá el negativo es tan opaco, o el diafragma está tan cerrado, o ambas cosas, que ni con 20 segundos de exposición ha impresionado en absoluto el papel. Esto nos llevaría a corregir alguno de los factores (por ejemplo, podríamos abrir el diafragma un punto, con lo que doblaríamos todos los tiempos) y repetir la prueba, pero este caso (que una tira de prueba permanezca blanca) es improbable. Lo más normal es que aparezca algún tipo de imagen.

Vamos a suponerlo. A partir de los 30 segundos, si la foto está correctamente expuesta y el revelador es el adecuado, comienzan a aparecer manchas grisáceas en el papel, manchas que cada vez se muestran más oscuras y definidas. Al cabo de un minuto se ve lo que es, pero efectivamente la tira está dividida en cuatro zonas. La de un extremo se ha puesto muy oscura, mientras que la del otro permanece casi blanca. Es normal, puesto que una tiene cuatro veces la cantidad de luz de la otra. Si esperamos un poco más, unos dos minutos en total, ya tendremos elementos de juicio suficientes.

Aquí debajo podemos ver cómo quedan estas tiras de prueba:

tira de prueba 1 tira de prueba 2

Cerramos el sobre con el papel virgen, echamos el baño de paro en la cubeta central y, con la pinza del revelador, sacamos la foto del líquido en donde ha estado hasta ahora, el revelador, y la dejamos caer en la cubeta del baño de paro.

(Es preciso tener cuidado con dónde se mete cada pinza; la del revelador SÓLO debe tocar el revelador. A la hora de pasar fotos al baño de paro, se sacan del revelador con ella y se dejan caer en la cubeta siguiente, el baño de paro, pero la pinza no se mete dentro sino que se devuelve a su cubeta, la primera. Es la otra pinza, la del fijador, la que trabaja ahora, pues esta sí puede meterse indistintamente en las otras dos cubetas, baño de paro y fijador, aunque de ninguna manera en la del revelador. Esto se debe a que el revelador es un líquido muy sensible a la contaminación: si, accidental o inadvertidamente, echamos baño de paro o fijador en el revelador, aunque sea poco, éste se degrada y deja de revelar, por lo que habría que desecharlo y preparar otro.)

Pasamos luego la tira de prueba al fijador, la sumergimos, cerramos los sobres de papel que haya abiertos y encendemos la luz blanca.

Lo primero que nos llama la atención, viendo la tira con esa luz, es que no está tan oscura como parecía estar a la luz roja, efecto este que deberá tener en cuenta en lo sucesivo (y que nunca dejará de sorprenderle): las fotos en su punto de intensidad y contraste siempre parecen estar demasiado oscuras a la luz roja. Pero, dejando aparte esta ilusión de los sentidos, es con luz blanca, por lo menos hasta que se acostumbre, como deberá juzgar los resultados. La mecánica de cerrar el sobre con el papel virgen antes de encender la luz blanca puede llegar a ser muy engorrosa y reiterativa, pero, después de estropear un par de sobres por encender la luz con estos abiertos (y son caros), llegará a hacerlo de manera automática.

Ahora podemos juzgar a ciencia cierta (viendo lo que sucede con exposiciones de 5, 10, 15 y 20 segundos) cuál es el tiempo que más se aproxima a lo deseado, y también, si el papel que va a usar tiene el grado de contraste que el negativo precisa. Si en la prueba las zonas blancas aparecen muy blancas, sin detalles (blancos quemados o saturados), o si las sombras están tan negras que no se aprecian matices, ello quiere decir que el papel que ha utilizado es excesivamente contrastado para el negativo que pretende copiar. Por el contrario, si en la copia no existen ni los blancos ni los negros, sino sólo una serie de grises medios, lo que sucede es que está utilizando una clase de papel demasiado suave. En ambos casos debe corregirlo, utilizando papel de menor contraste en el primero y de mayor graduación en el segundo. Haga otra prueba, y una tercera y una cuarta si es necesario, y observe en ellas, una vez reveladas, las diferencias. Como ya hemos dicho, la gracia de las fotos en blanco y negro reside precisamente en afinar estos parámetros hasta que la copia resulte natural a la vista, o lo que es lo mismo, reproduzca lo más fielmente posible la realidad, que unas veces se compone de planos muy contrastados (como sucede en las puestas de sol, por poner un ejemplo) y otras de multitud de grises, como sería el caso de un bosque entre nieblas. Para reproducir esta realidad es para lo que se precisa ojo clínico, que se adquiere con la práctica, de forma que lo diré una vez más: experimente, pruebe, compare los resultados y piense y decida qué es lo más adecuado para llegar a donde desea.

Otro instrumento de prueba mucho más inmediato (pero que hay que tener previamente, o sea, comprar) es una lámina de plástico dividida en gajos de diferentes transparencias (grises), cada uno con su tiempo determinado impreso. Su uso es muy sencillo: se coloca sobre un trozo de papel y se proyecta sobre todo ello, durante un minuto, la luz de la ampliadora (con el negativo puesto, enfocado y el diafragma preciso). Al revelar el papel tenemos en cada gajo diferentes densidades de la misma foto con sus respectivos tiempos de exposición: un gajo nos enseña cómo saldría la foto si le hubiéramos dado 10 segundos; el siguiente si le hubiéramos dado 15, y así sucesivamente. De todo ello y con una sola exposición podemos deducir el valor correcto.

 

EXPOSICIÓN Y REVELADO

Una vez averiguado el grado de contraste del papel que necesitamos, y el tiempo de exposición que la foto precisa para que quede a nuestro gusto, no queda sino poner el filtro rojo, colocar el papel en el lugar adecuado (se supone que está perfectamente enfocada y el diafragma en la posición requerida), apagar la ampliadora, quitar el filtro rojo y dar la exposición que deseamos (5 segundos, 10, 12…; en fin, lo que sea). La hoja de papel, entonces, está impresa por la luz proyectada por la ampliadora. La tomamos, la sumergimos en el revelador y observamos lo que sucede. Nada durante los 30 primeros segundos, pero en seguida comienzan, como por arte de magia, a pintarse las primeras sombras, que conforme pasa el tiempo se irán tornando más oscuras…, proceso que suele hacer las delicias de los principiantes.

Al cabo de un minuto ya se ve cómo va a quedar, pero no se precipite. Déjela otro minuto en el revelador y observará que las sombras ganan en intensidad y el contraste entre las diversas partes se acrecienta. Si aún la deja un tercer minuto verá que aquello se redondea, es decir, que parece adquirir mejor aspecto, incluso un poco oscuro…, pero no se alarme, pues hay que tener en cuenta que cuando la contemple a la luz blanca (una vez fijada y con los sobres de papel convenientemente cerrados) nos parecerá bastante más clara, en conjunto, que cuando la veíamos sólo con la luz roja o amarilla de seguridad.

Si la copia está bien expuesta y ya no parece que vaya a ponerse más oscura (en este momento llevará cuatro minutos en el revelador), puede pasarla al baño de paro…

 

BAÑO DE PARO Y FIJADO

… en donde deberá estar unos 30 segundos, porque este líquido, a la concentración debida, actúa rápido, y después al fijador, momento en el que puede empezar a pensar en hacer una nueva foto.

Y no hay más. En el fijador hay que mantenerlas cinco minutos como mínimo, pero pueden estar una o dos horas tranquilamente sin que les suceda nada de particular, esto es, hasta que usted decida acabar la sesión o hacer un descanso. A este respecto se puede añadir que si las copias acabadas, por olvido o desidia se dejan durante varias horas en el fijador (toda una noche, por ejemplo), se blanquearán mucho y quedarán peor después de ser lavadas. Una sesión de dos horas es suficiente para hacer bastantes copias, y conviene a continuación lavarlas y ponerlas a secar, y no dejarlas tontamente en el líquido. Además, durante esas dos horas ya habremos respirado hartos vapores de los que desprenden los productos químicos y conviene hacer un descanso.

 

LAVADO Y SECADO

Cierre el sobre de papel (no olvide nunca hacer esto antes de encender la luz blanca), encienda la luz, vacíe el fijador en su botella con el embudo y, con esta cubeta, en donde estarán las copias ya fijadas, vaya hasta el lavabo o fregadero más próximo y, dejando correr el agua, lávelas de tres a cinco minutos si el papel que ha usado es RC, esto es, el soporte no es de papel sino de plástico.

Se lavan en la misma cubeta del fijador una vez retirado este a su botella, y durante el lavado procure ir colocando unas y otras encima de las demás, es decir, moviéndolas.

Si las copias están hechas sobre un soporte de papel o cartón, como el Ilford Gallerie, por ejemplo, tendrá que lavarlas durante al menos 30 minutos, de forma que no se complique la vida y utilice papeles RC. Ya le llegará la hora de hacer experimentos.

Las copias, una vez lavadas, se dejan escurrir en una pared de azulejos (se suele lavar en cuartos de baño o cocinas, en donde abundan estas superficies) con la cara impresa hacia fuera, y luego, una vez que estén más o menos escurridas, se cuelgan, cogiéndolas por una esquina, de pinzas en una cuerda, o se colocan unas al lado de otras en alguna superficie a la que no se peguen, de tela, por ejemplo (una cama puede servir), con la cara impresa hacia arriba. Como se supone que están perfectamente lavadas no manchan en absoluto. Cuando están húmedas no se deben colocar unas encima de otras, y mucho menos cara impresa contra cara impresa, porque luego no se pueden despegar y se producen graves averías en la superficie al intentarlo.

Al acabar una sesión de copia es fundamental limpiar las diversas salpicaduras que se hayan producido y lavar bien las cubetas hasta dejarlas limpias de líquidos; escúrralas y lave de paso las pinzas y el embudo. A causa del embudo también puede contaminar el revelador. Si primero devuelve el fijador (o el baño de paro) a su botella, hay que lavar este (el embudo) antes de usarlo para el revelador, pues lo que quede en él lo contaminaría. Si lo utiliza en el sentido lógico, es decir, primero echando el revelador en su botella y luego los otros dos líquidos indistintamente, no hace falta hacerlo. Recuerde esto: el revelador no contamina a los otros líquidos, pero cualquiera de los otros sí contamina al revelador.


En la siguiente entrega, ahora que ya sabemos cómo se revela la película y cómo se hacen copias, se hablará de la manera de hacer copias de contacto y de archivarlas lógicamente. Es decir, de clasificar el material para poder encontrarlo cuando se desee…, y ya, de paso, de cómo se hace una sucinta base de datos, porque si se tienen muchas fotos (decenas de miles, por ejemplo) el espectro del descontrol asoma en el horizonte del tiempo y amenaza nuestros afanes. Que nadie se preocupe, que es cosa fácil.

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