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REVELADO DE LA PELÍCULA

3,2 Revelado de la película. Preliminares, instrumentos y líquidos necesarios.

Supongamos que ha hecho usted unas fotos y quiere positivarlas. Lo primero que debe hacer es revelar la película que tiene dentro de la cámara. Por lo tanto, será el asunto que tratemos.

Este es el paso clave de todo el proceso, y se debe poner el mayor cuidado en él. Si a la hora de hacer copias, estas se estropean, no hay problema pues se pueden repetir, pero si se revela mal la película hay que volver a hacer las fotos, y a veces esto no es posible. Tenga en cuenta que, en fotografía, lo único que es un original, una pieza única irrepetible, es el negativo. Si usted no se atreve a revelar la película por sí mismo porque el proceso le parece complicado, puede encargar en algún laboratorio que lo hagan, pero los resultados nunca serán los mismos que los que puede conseguir cada uno cuando ha aprendido a hacerlo.

Primera recomendación: limpieza absoluta

Un negativo es la cosa más delicada del mundo. Se rayan de mirarlos, más si están mojados, y la menor raya o falta se amplía luego en la copia de una manera sumamente desagradable. Cierto que al final se pueden retocar los defectos en las copias acabadas, pero nunca quedan igual que si no los tienen. Insisto: los negativos son sagrados y nunca deben andar rodando por ahí, fuera de sus fundas o cosas por el estilo.

LUGAR DE TRABAJO

El lugar de trabajo puede ser cualquiera que se pueda oscurecer por completo, pues la película es un elemento muy sensible a la luz, mucho más que el papel, y debido a sus características…

 (es sensible a la luz roja, puesto que en caso contrario, todo aquello que se fotografiara y fuera de color rojo, como un jersey o una flor, aparecería negro en el resultado final, esto es, en la copia positiva)

 … se debe trabajar totalmente a oscuras. La luz roja (o la amarillenta, como ya se ha dicho; en cualquier caso, la luz de seguridad) sólo se utiliza para revelar papel. Por lo tanto, el cuarto oscuro que hemos descrito antes nos sirve para ello, y el tablero de la ampliadora es el mejor lugar para las manipulaciones que vienen a continuación. Suba el cuerpo de la ampliadora para que no le estorbe y trabaje sobre el tablero. Las cubetas, puesto que no vamos a revelar papel, no son necesarias, de forma que apártelas y céntrese en la cuba de revelado de negativos, que es la herramienta esencial.

HERRAMIENTAS

Para revelar película no hace falta más que una cuba de revelar negativos con sus espirales, tapa, etc.,

Antes de comenzar a utilizarla, familiarícese con este instrumento, la cuba o tanque de revelar película, tanto leyendo el folleto que la acompaña como comprobando manualmente sus diversos elementos. Aunque luego hablaremos más ampliamente sobre ello, familiarícese sobre todo con el mecanismo de la espiral en que se enrolla la película.

 … un termómetro para comprobar la temperatura del revelador, un reloj que se pueda poner a cero, una probeta pequeña (de 100 cc) para medir las cantidades de líquido que va a necesitar, unos alicates para abrir el chasis en que está encerrada la película, y los líquidos, revelador, baño de paro y fijador, ya preparados, aparte de tres botellas para guardarlos y un embudo para devolver cada uno a la suya tras haberlos utilizado.

Las botellas con los líquidos ya diluidos (en general suele bastar con añadir agua a lo que se compra en la tienda) deben estar rotuladas para saber qué contiene cada una, porque estos (los líquidos) son muy parecidos a simple vista.

Antes de comenzar, y con la luz blanca encendida, prepárelos, revelador, baño de paro y fijador, y disponga la mesa como se ve en el siguiente esquema:

laboratorio para negat en ángulo

 

LÍQUIDOS

El revelador es específico para la película y diferente del que se utiliza para revelar papel. Hay dos clases de reveladores de película: los de baño perdido, que se desechan una vez usados, y los que se utilizan varias veces. Se preparan según las instrucciones del envase, y puestos a citar alguno podría mencionar el Rodinal, de Agfa, un revelador clásico, o el Ilfosol, de Ilford, otro revelador a recomendar, aunque hay muchos más.

Sea cual sea el que use, lo primero es determinar la cantidad que va a necesitar. Si revela un rollo necesitará menos que si va a revelar tres, porque en estas cubas se pueden revelar varios carretes al mismo tiempo haciendo uso de otras tantas espirales (artilugio que luego describiremos y es una herramienta sumamente ingeniosa). Hay cubas en que caben una o dos de estas espirales, otras más altas en que caben tres, otras más grandes en que caben cinco… Para empezar, con una cuba pequeña y un espiral tendrá suficiente.

DILUCIÓN

Además necesitará diluir en agua el líquido que le han vendido en la tienda, que viene concentrado, para lo que se usa la probeta…

 Si el revelador se diluye, por ejemplo, 1 a 9, esto significa lo siguiente: con la probeta se miden 100 cc del concentrado, el que le han vendido en la tienda; esta cantidad, con el embudo, se echa en una botella de litro, que a su vez se rellena con agua hasta arriba. El líquido que consigue es el revelador diluido en proporción de 1 a 9: 100 cc de revelador concentrado y 900 cc de agua.

 TEMPERATURA DEL REVELADOR

… y lo igualmente importante, ponerlo a la temperatura adecuada.

Si el revelador está frío (compruébelo con un termómetro) hay que calentarlo en un cazo, cuyo uso debe reservarse en exclusiva para ello: el revelador es algo venenoso, y en el cazo siempre quedarán residuos, por mucho que lo aclaremos. De la misma manera, si está demasiado caliente (en verano, por ejemplo) hay que enfriarlo metiendo la botella en la nevera hasta que esté a la temperatura adecuada.

Cuidado con los niños y qué hacen con ese cazo y los demás líquidos. Todas estas cosas deben estar lejos de ellos y fuera de su alcance. Insisto en que, aunque no mucho, estos líquidos son venenosos.

Como decimos, el primer paso a dar es poner el revelador que vayamos a usar, con la dilución precisa, a su temperatura. La temperatura influye tanto o más que la concentración del líquido. La temperatura normal de trabajo es de 20 grados centígrados (68 grados Farenheit). De 18 a 22º hay pocas diferencias, pero por debajo el proceso de revelado es cada vez más lento (luego para conseguir un resultado uniforme habría que revelar la película durante más tiempo), y menor el contraste que se consigue. Por encima, por ejemplo, a 28º, es mucho más rápido y el tamaño del grano aumenta considerablemente (el contraste también), aunque si lo que se pretende es conseguir ese efecto (grano grueso) puede revelarse hasta a 30º, en cuyo caso hay que ajustar el tiempo de revelado con la prueba de la gota que se describe más adelante y que, de todas formas y para evitar sorpresas desagradables, debería hacerse cada vez que se revela película.

COMENTARIO:

Puede suceder, y de hecho a veces sucede, que por diversas causas –entre las que puede destacarse que el revelador esté muy viejo y haya perdido actividad, y lo que es más, que no nos hayamos dado cuenta de ello…–, cuando sacamos el rollo ya revelado nos encontremos con que está totalmente transparente, o poco menos…, en cuyo caso deberíamos tirarnos de los pelos y llamarnos tontos mil veces.

Esto ya no tiene remedio, y lo único que cabe es volver a hacer las fotos, siempre que se pueda, pero para evitar tan ingrata contingencia es obligado, cada vez que se revela película, hacer previamente la prueba de la gota, porque con ella nos damos cuenta de que aquel líquido no revela y aún estamos a tiempo de tirarlo y hacer uno nuevo.

ATENCIÓN: Las manchas de revelador no se quitan con nada, y las salpicaduras son inevitables, de forma que proteja su ropa o utilice la vieja.

Una vez el revelador a su temperatura y dilución, viértalo en la cuba de revelar y coloque esta, abierta, a la derecha del tablero de la ampliadora (véase esquema anterior), en donde pueda alcanzarla (cuidado con los manotazos cuando apague la luz, a ver si va a tirar el líquido tontamente, que mancha mucho). Además, rotule la botella (revelador de película, por ejemplo) y tenga a mano un embudo para recogerlo tras el proceso.

Pasemos ahora a ocuparnos de los otros dos líquidos.

Tanto el baño de paro como el fijador son comunes para la película y el papel. Se preparan (se diluyen en agua) según las instrucciones adjuntas, se guardan en botellas rotuladas (para saber en todo momento qué contiene cada una) y se utilizan hasta su agotamiento. (Se consideran agotados cuando ya no cumplen su función).

El baño de paro suele tener indicador, esto es, es de un color (amarillo chillón, por lo general) que se vuelve morado cuando ya no sirve. En este caso se tira y se prepara más. Con el baño de paro hay que tener cuidado porque es muy volátil (es ácido acético) y no se deben aspirar sus vapores: al abrir el frasco con el líquido concentrado, por ejemplo.

El fijador mancha bastante y decolora la ropa, de forma que sus salpicaduras son fatales; como ya se ha dicho, para estas manipulaciones es mejor usar ropa vieja. Una vez preparado (diluido en agua) se utiliza hasta su agotamiento. Se sabe cuando se ha agotado con una prueba muy sencilla, para lo que necesita un trozo inservible de película sin revelar. Se sumerge este trozo en el fijador que queramos probar y se deja un minuto, al cabo del cuál la película debe estar transparente. Si no lo está se debe a que el fijador ya no es activo, en cuyo caso se tira y se prepara más. También se puede saber por el olor: el fijador ya preparado (diluido) huele, no muy fuerte pero sí de una manera peculiar (a ácido). Si no huele a nada es mejor tirarlo. De cualquier forma, en caso de duda es preferible tirar el viejo y preparar uno nuevo, puesto que estos líquidos son baratos.

Una vez preparados estos dos baños, cada uno en una botella rotulada y todo ello encima de la mesa, podemos ponernos a revelar.

Siéntese en la silla, ante la mesa (véase el esquema anterior), y respire, que lo que viene a continuación tiene su aquel. (Continuará.)


 

En la entrega siguiente describiremos las manipulaciones que hay que llevar a cabo para revelar la película.

 

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