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CAPÍTULO 2

EL CUARTO OSCURO

¿Por qué comenzar por el cuarto oscuro? Porque es la habitación que vamos a necesitar para nuestros manejos, y, para quien no sepa nada, es preciso describirla con detalle.

Sobre esto del cuarto oscuro se han hecho muchas bromas, unas literarias, otras más o menos graciosas, y algunas, que de todo hay, puramente soeces; unas fundamentadas en la realidad, y otras basadas tan sólo en la fantasía o los apetitos propios de quienes las discurrieron… Y es que el cuarto oscuro que vamos a necesitar para nuestros manejos es precisamente eso, un cuarto que se puede oscurecer por completo, y ello debido a que los materiales que vamos a manejar en su interior son sensibles a la luz, y si los expusiéramos a ella se estropearían; se velarían, que se dice en el argot de los fotógrafos. Una película o un papel fotográfico velados son aquellos que, intencionada o fortuitamente, han sido expuestos a la luz de manera incontrolada, y que, por lo tanto, tras el revelado se presentan totalmente negros.

Un cuarto oscuro, como su nombre indica, es un lugar en el que podamos hacer una oscuridad total. Puede tener ventanas, y de hecho sería mejor que las tuviera para poder ventilarlo, pero estas deben estar cubiertas con cortinas que no dejen pasar ni el más mínimo rayo de luz, y quien dice cortinas dice persianas, contraventanas o papeles oscuros pegados en los cristales. La cuestión es que pueda oscurecerse por completo.

Determinadas luces que entren por las rendijas de puertas y ventanas, por muy tenues que nos parezcan, pueden producir veladuras en la película. Se averigua si sucede tal cosa oscureciendo la habitación y permaneciendo dentro un rato hasta que nuestros ojos se acostumbren a la oscuridad. Las luces que entonces podamos ver pueden velar los materiales sensibles (película y papel), en especial la película.

El tamaño de esta habitación, que se debe poder cerrar por dentro para evitar visitas inesperadas, no es un factor decisivo, pero habida cuenta de que pasaremos en ella bastantes horas (si tomamos afición al asunto), y que los líquidos que vamos a usar no son precisamente el elixir de la eterna juventud, es preferible estar holgado. Cierto que ese cuarto de baño diminuto que casi no se usa y hay en muchas casas puede servir para ello, sobre todo si se colocan las cubetas de manera ingeniosa, pero no está de más, si se puede disponer de ello, que sea de unas dimensiones medianas.

Por otra parte, no es necesario que tenga agua corriente (un lavabo, un fregadero…), pero si lo tiene, mejor que mejor, y ello se debe a que cuando finalizan los procesos que allí tienen lugar, ya se trate de revelar negativos o de positivar copias, vamos a necesitar bastante agua para lavar los resultados finales. Sin embargo, como cuando hemos finalizado la sesión tendremos los materiales revelados y fijados, nada nos impide ir con ellos al cuarto de baño o cocina más próximos y lavarlos allí, pues esta última etapa del proceso, el lavado, se hace con luz normal.

Se dispone una mesa alargada (por ejemplo, un tablero sobre caballetes) ante la pared. Esta mesa no debe ser buena ni nueva, pues sobre su superficie van a salpicar irremediablemente los líquidos que utilicemos y la estropearemos, y sobre ella vamos a colocar las herramientas de que haremos uso, a saber y de izquierda a derecha: un espacio vacío de unos 40 cm destinado a los sobres o cajas de papel que vamos a utilizar, así como los negativos que usemos; estos materiales deben estar lejos de las cubetas y sus salpicaduras. A continuación la ampliadora, que tiene un tablero de unos 50 cm de lado, y junto a ella, pero no demasiado cerca, la cubeta del revelador. A su lado la del baño de paro y la del fijador, por este orden. (Vamos a necesitar aproximadamente unos dos metros de longitud y 50 cts. de anchura, que son sus medidas aproximadas.)

Por supuesto, se puede hacer con mucho menos, e incluso en sitios realmente estrechos, como un cuarto de baño que no se use –lo he dicho antes–, pero si queremos estar cómodos, sobre todo al principio, vale la pena seguir estas instrucciones.

Necesitaremos también una silla, que colocaremos ante la ampliadora, y una luz roja, que estará sobre la cubeta del revelador, el lugar en donde es más necesaria, y a este respecto se puede hacer una precisión.

Lo clásico para el proceso de revelar papel es alumbrarse con una bombilla roja o un farol del mismo color,

laboratorio 2 - httpwww.f-stopdurango.orgwp-contentuploads201302X-100-_DSF0139 (foto tomada de http://www.f-stopdurango.orgwp-contentuploads201302X-100-_DSF0139.jpg)

pero modernamente existen otros tipos de luces de seguridad, entre los que recomendaría el amarillento, o amarillento verdoso,

laboratorio 2,2

que no vela el papel y a cuya luz se ve mucho mejor lo que estamos haciendo que con la tradicional, la roja, lo que descansa enormemente la vista. No obstante, usemos una u otra, aquí seguiremos hablando de luz roja, es decir, la de seguridad.

El siguiente esquema puede dar idea de lo que digo:

laboratorio para copiar

Si no se dispone de tanto sitio, se pueden colocar los elementos en ángulo, tal y como se muestra a continuación:

laboratorio en ángulo

Y si el sitio es realmente pequeño, cabe colocar las cubetas unas encima de otras utilizando una simple silla. Si se escalonan debidamente, los líquidos que escurran al pasar los papeles de una a otra caerán sobre la inferior.

cubetas en silla

En fin, que las disposiciones son infinitas, y aquí obra el ingenio de cada cual. Lo importante es estar cómodo y llegar a todos los lugares sin necesidad de levantarse de la silla en que está sentado ante la ampliadora.

No olvide que necesita un cronómetro para medir los tiempos de exposición (más adelante, en el capítulo dedicado al procesado de papel, se detalla todo esto) y una toalla, una toalla vieja para limpiar las salpicaduras y secarse los dedos si, inadvertidamente, ha tocado algo que no debiera. A propósito de esto debe decirse que, puesto que para cortarlos o colocarlos en el lugar debido, vamos a tocar los papeles con ellos, si los tenemos con restos de líquidos (revelador, fijador…) al final veremos nuestras huellas digitales impresas en las copias reveladas. Si tiene los dedos sucios lo mejor que puede hacer es ir al lavabo (antes de abrir la puerta no olvide cerrar los sobres de papel virgen y comprobar que no hay ninguna copia revelándose) y lavárselos bien. Y luego usar las pinzas, claro, para los trasiegos de copias de unas cubetas a otras.

En la entrega posterior hablaremos de

LAS PELÍCULAS FOTOGRÁFICAS,

que es el primer asunto que debe conocer quien quiera hacer fotos como Dios manda.

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En relación con lo anterior, el cuarto oscuro, si hay alguien al que divierta leer cuentos (y más de hadas), puede leer el que aparece en el siguiente enlace:

El cuarto oscuro

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