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Ahora voy a contar la historia de una exposición que se celebra durante este mes en un lugar escondido de la nunca bastante ponderada ciudad de Cádiz. El bar se sitúa junto al acantilado de los Gigantes y es, como su nombre indica, un sitio harto especial, lleno de redes rotas y desvencijados restos de antiguos navíos. Allí se bebe, se grita, se lee y se piensa, y cuando sube la marea, ¿qué creéis que sucede? Pues nada, porque las mesas y las sillas –y las tarimas que las sustentan– están ancladas a un buen número de toneles vacíos (los que abandona la clientela) y flotan.

Aprovechando la ocasión he puesto fotos de todo, y entre ellas destacan las que van a continuación. Son fotos de carreteras (no de carretera), pero yo creo que dan el pego, y como muestra, valen.

Si vais por allí, no dejéis de daros una vuelta. (Las cervezas las paga cada uno, aunque se admiten invitaciones).

(Nota para no iniciados: las fotos se ven mejor si se hace clic sobre ellas).

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