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Este es un lugar cualquiera del mar Cantábrico que conocieron los romanos hace unos dos mil años, agreste costa que los recibió poco o nada amigablemente y que en la actualidad goza de malquista fama entre los turistas. Sin embargo, si uno tiene ganas y le echa paciencia puede encontrar parajes como el de la fotografía, lejos del mundanal ruido y con unas aguas en las que apetece introducirse, tanto por su limpieza (tampoco todo el monte es orégano, para que vamos mentir, pero estos lugares resultan paradisíacos al lado de otros que igualmente conozco) como por su temperatura. Sin ir más lejos, llevamos un verano de 25º, que no es cosa que pueda decir todo el mundo. (Estoy por la parte de Asturias, y observo que las tomateras crecen de día en día).

Aprovecho la ocasión para dejaros este enlace, que sin duda interesará a más de uno y del que podéis sacar algunas enseñanzas útiles:

La cocina española de siempre

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