La ciudad y las estrellas

Hay quien piensa que el planeta Tierra fue creado por Dios para solaz y entretenimiento de los humanos (de hecho, lo piensa casi todo el mundo), y esta idea no puede ser más equivocada. El planeta Tierra es uno de los trillones de planetas que sin duda tienen que existir por ahí arriba, pues el principio de mediocridad (importante principio en física) dice que en este Universo que podemos observar no existen los fenómenos únicos, sino que lo que sucede en un lugar, sucede en todas partes.

Por supuesto que no serán todos iguales, sino que habrá una infinidad de formas, la mayor parte de las cuales no reconoceríamos (si pudiéramos verlas), pero eso no cambia las cosas. Esos planetas existen y la Tierra es uno de ellos, y, como cualquier otro, su existencia es efímera. En el presente disfrutamos de un amable intervalo en el que es posible la vida –inexplicable fenómeno–, pero esto acabará algún día y entonces todo será olvidado, hasta las Pirámides y las cuevas prehistóricas.

La ciudad está construida bajo las estrellas, y sus luces intentan ocultarlas (y en ocasiones lo consiguen), y aunque a nosotros, hormigas que nos arrastramos sobre la superficie de la Tierra durante un tiempo increíblemente corto, nos parece que la ciudad (y nosotros) es lo importante, en eso estamos también equivocados: desde el punto de vista de nuestra madre naturaleza, que todo lo creó –aunque no sepamos cómo–, son mucho más importantes las estrellas.

Lo que sigue es para los interesados en el asunto:

En el enlace que os pongo a continuación se puede descargar (totalmente gratis y sin compromiso ni tener que apuntarse a nada) un planisferio para el ordenador. Un planisferio es un mapa del cielo en el que puede observarse su aspecto desde cualquier punto de la Tierra y en el momento que se desee (en este programa, entre los años 1750 y 2250). Esto da pie para preguntarse muchas cosas, una de las cuales podría ser la siguiente (por poner un ejemplo): ¿cómo se verá el cielo desde aquel lugar en que estuve de vacaciones hace cinco años…?, o ¿cómo se veía entonces? Y así sucesivamente. El enlace de marras es:

www.hnsky.org

Escalera al cielo

En este blog sólo he puesto fotos, pero hoy, para empezar el año, se me ha ocurrido que voy a poner un cuento, un cuento chino, que dicen por ahí, el cual ilustro con una foto del año catapún que anda rodando por el disco duro.  

 

ESCALERA AL CIELO

Joshua I, de apellido Sagan, sobrino del legendario exobotánico que nunca supo si era hombre o mujer, estaba montado en un globo de aluminio cuando se le ocurrió la idea: mirando hacia abajo las cosas se ven mejor. “¿Y por qué no…?”, se dijo. Luego miró hacia arriba, y lo que pudo contemplar hubiera bastado para desanimar a cualquiera: miles y miles de estrellas centelleaban por todas partes. Joshua I no tenía ni idea de astronomía recreativa (ni de la otra), pero como a tantos personajes de los que nos habla la Historia, no le hubiera importado subir al cielo. Cosa curiosa, por otra parte, en un intermediario, como era él.

Aquella noche se lo comentó a su compañera sentimental, porque Joshua I tenía compañera sentimental. Él no sabía que eso de tener compañera sentimental es una horterada de tomo y lomo, pero hay usos y costumbres que se extienden como la mala hierba. Le dijo,

–Me parece que sé cómo se puede hacer una escalera al cielo. ¡Menuda obra…!

Su compañera sentimental ni le contestó. Lo primero, que no estaba el horno para bollos, con tanto viaje en globo y tanta historia, y lo segundo, que la conversación la distraía de algo mucho más importante, una cosa que se veía en la televisión, una cosa toda llena de floripondios y lentejuelas como las de los viejos tiempos. Dio un suspiro y se recostó en el sofá del otro lado. ¡Qué tonterías había que oír! Una escalera al cielo… Para acabar de arreglarlo, recordó que ahora andaban diciendo por ahí que las máquinas iban a sustituir a las personas, ¡por Dios!

La compañera sentimental de Joshua I lo había comentado una vez con una amiga.

–¿Tú crees que eso de que las máquinas van a sustituirnos puede ser verdad?

La amiga de la compañera sentimental de Joshua I era medio boba.

–¿Cómo dices…?

La amiga de la compañera sentimental de Joshua I estaba mucho más interesada en la boda del príncipe Ruperto.

–No, que si tú crees que eso de que las máquinas van a sustituirnos puede ser verdad.

–¡Ay, Jesús, qué barbaridad!

Joshua I, desde que tuvo la idea, no paraba. Él tenía, por oscuras razones de las que nunca hablaba a nadie, mucha mano con el gobierno regional. Se dedicaba a las contratas, y a veces, cuando escaseaba el trabajo, hacía de intermediario. Los jueves por la noche solía acudir a unas reuniones medio secretas que se celebraban en una casa de lenocinio electrónico que había en las afueras, justo al lado del nudo que comunicaba las autopistas, y a las que también solían acudir algunos subsecretarios. Una vez le habían presentado a un ministro, pero a él le gustaban más los subsecretarios. Eran, ¿cómo diría…?, más dúctiles.

–Don Carlos…, qué…, ¡vaya moza que llevaba usted el otro día!

Don Carlos, que llegaba directamente del Congreso Regional, le dedicó una amplia sonrisa al pasar. Era simpático aquel Joshua I, se fijaba en todo, pensó, habría que darle algo este semestre… Sí, tendría que hablar con su secretario.

Joshua I, en realidad, estaba haciendo méritos, que era lo suyo. Pagaba cuentas de botellas que ascendían a cantidades astronómicas, y si la cosa se terciaba, también algún polvo electrónico extra; todo servía. Eso sí, cuando aparecía por el ministerio se prodigaban las sonrisas y apretones de mano; hasta los ujieres habían oído hablar de él. Aquella mañana se animó a entrarle al ayudante del subsecretario, un zascandil con ojos de mochuelo que le había chuleado una historia con una rubia más bien basta dos semanas antes.

–Eso que usted me cuenta… –le había contestado mirándole fijamente–, nos interesa, sí, nos interesa. ¿Y cuánto ha dicho usted que…?

–Unos trescientos millones, don Ferrari. Los estudios preliminares, unos trescientos millones.

Aquello de don Ferrari no era ningún apodo despectivo, como pudiera parecer; Joshua I no era tan tonto como para tener una metedura de pata de semejante calibre. La especie había sido alimentada por el propio don Ferrari, quien, en el cenit de sus borracheras, solía recordar a quien quisiera oírle que él, cuando joven, había tenido un Ferrari. (Y dos Porsches, añadía, uno rojo y otro azul). Luego los más cercanos comenzaron a conocerle por aquel nombre, y el apodo tomó carta de naturaleza. Aunque sólo dejaba usarlo a los allegados, Joshua I lo era, ¡vaya si lo era!, y por el cariz que estaba tomando el asunto, interesaba que siguiera siéndolo.

Al ayudante del subsecretario le entró una cierta aprensión. Como no tenía ni la más remota idea de lo que era un ascensor espacial, preguntó cautelosamente,

–¿Puedo hablar de esto con el ministro?

A Joshua I se le abrieron las puertas del cielo.

–Por Dios, don Ferrari… ¡Usted mismo!

La siguiente vez que se vieron fue en el reflexólogo. El ayudante del subsecretario estaba radiante.

–¡Muy bien, don Joshua, muy bien! ¡El ministro está muy contento! Ha dicho que cree que esto puede llevarnos lejos…

A continuación los acontecimientos se precipitaron, no era para menos. Primero fue una comisión de servicios la que se encargó de todo, y luego los periódicos, sobre todo los de casa, empezaron a hablar del tema. Por fin el Gobierno Mundial tomó cartas en el asunto, pero para entonces el ministro, el subsecretario, el ayudante del subsecretario y Joshua I habían creado una sociedad fantasma que construía chalets de dos plantas y operaba desde las Malabares. Joshua I había soñado a veces con dirigir la faraónica obra, que para algo era aparejador, pero bueno, se conformaba. En el intermedio hubo una época difícil porque un escandalillo político creado por la oposición (¡aquellos hijos de perra!) amenazó con hacer saltar al gobierno, pero el ministro, que después de tantos años se las sabía todas, contrató los servicios de una agencia de publicidad que puso las cosas en su sitio. El colíder de la oposición salió escaldado de aquella, vaya si salió… Tardaría años en olvidarlo, y eso si su carrera política no se arruinaba definitivamente.

–Ahora… ¡a vivir! –le dijo el ayudante del subsecretario una vez que se lo encontró en “La gata muónica”, la casa de lenocinio electrónico donde Joshua I volvió a pagar aquella noche, aunque entonces ya no le importaba como antes.

–Bueno –pensó–. Todo sea por San Dieciséis por ciento.

La compañera sentimental de Joshua I, al final, estaba hasta interesada.

–Y, ¿tú crees que esto nos llevará lejos?

Joshua I, ya lo dijimos, seguía sin tener ni idea de astronomía recreativa, ni de la otra; lo suyo eran las comisiones. ¡Quién se lo iba a haber dicho a él! ¡Tantos años de intermediario y sin haberse dado cuenta de lo de las comisiones…!

El Gobierno Mundial era extremadamente activo. Lo primero que hizo fue preparar a lo que desde antiguo se conocía como “opinión pública”. El “Hollywood del siglo XXI”, ahora sito en algún lugar de Extremo Oriente, se encargó de ello. Lo que se acabó conociendo como “Saga de los planetas” fue una serie de seis películas en 3D que, durante lustros, ostentaron el record de recaudación. Además, Mariquilla S., aquella actriz mexicana, comenzó allí su meteórica carrera… Luego derogó unas leyes que le impedían tomar unas patentes como propias –sí, aquel hilo de diamante era el material adecuado…– por lo que el inventor puso el grito en el cielo, pero un país africano, que casualmente era el mayor productor de diamantes, se encargó de hacerle entrar en razón, y por último hubo que buscar el lugar adecuado. No podía estar en el ecuador debido al efecto coriolis, ni en cualquiera de los polos por razones obvias, pero al final se encontró una solución a gusto de casi todos: lo instalarían en la línea de cambio de fecha, a unos veintisiete grados de latitud sur, cerca de las islas Samoa. Aquello quedaba en mitad del Pacífico, y así, si había un accidente… Joshua I fue una vez a ver las obras y se llevó con él a su compañera sentimental, que por aquel entonces había criado unos muslos que parecían jamones.

–Papá, papá –decía entusiasmado el niño que habían tenido unos años antes–, ¿y tú crees que eso aguantará?

Joshua I miró a su hijo. No se podía negar que hablaba igual que su madre, pero, en cuanto a lo suyo, Joshua I no se hacía muchas ilusiones. Las mujeres, ¡eran tan falsas…!

De todas formas, el niño tenía razón. A Joshua I, que depositaba una confianza ilimitada –como buen técnico que era– en las obras de ingeniería, se le humedecieron un poco los ojos cuando lo pensó. Sí, aquella línea azul que subía hacia las estrellas y se perdía a lo lejos era realmente impresionante… ¡Y pensar que él había sido el descubridor…! Joshua I durmió aquella noche a pierna suelta en el Gran Holiday Hilton de Samoa, y soñó que le ponían una condecoración con una cinta azul y muchos dorados y piedras de colorines.

El Presidente del Gobierno Mundial, un chino medio calvo que se echaba el único mechón de atrás hacia adelante, lo inauguró unos años después. Aunque escasamente llegaba a la media centena, parecía un viejecillo, pero es que aquello del poder, ¡quemaba tanto…!

–… este gran paso de la Humanidad… (y bla bla bla) –dijo con su voz ligeramente cascada, y durante algunos meses la Humanidad se dedicó a celebrarlo.

¡Qué otra cosa iban a hacer, cuando el trabajo, el inmemorial castigo bíblico, estaba casi desapareciendo…! Luego el ascensor espacial se convirtió en un objeto de uso cotidiano, y con el transcurrir del tiempo la gente llegó a olvidar que durante muchos siglos aquel había sido uno de sus sueños más perseguidos.

Paisaje medieval

La Edad Media

Todavía es posible encontrar en España ecos del pasado, y de un pasado bastante remoto, además, pues esta foto podría datar del siglo XII. Es la catedral de Sigüenza vista desde los arcos de su ayuntamiento, y por supuesto que delante había aparcados cinco o seis coches, incluida una furgoneta. También había una papelera y unos carteles que desentonaban, pero, gracias a la máquina por excelencia, esos aditamentos del tiempo han desaparecido y podemos contemplar en toda su crudeza la magnificencia de una época que fue harto sombría. 

La calle de Enmedio de Hornos de Segura

Hoy pongo una foto normalita, aunque, si se piensa bien, no tan normalita. Es la calle de Enmedio de Hornos de Segura, población enclavada en un peñasco de la provincia de Jaén y sita en la sierra del Segura, muy cerca de donde nace el Guadalquivir. Hay buenos bares, dan tapas y se está muy tranquilo. Yo me lo pasé muy bien, vamos, el día que estuve por allí, reflejo de lo cual es la imagen. 

Imagino que a alguno de vosotros le gustará eso del cine, de modo que os dejo un enlace a una página de reciente publicación:

HISTORIA DEL CINE PARA IGNORANTES

Llegó el otoño

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Como todos los años, llegó el otoño, que no es mala estación. Tiene el inconveniente de que los días se acortan y hay pocas horas de luz (fundamental para hacer fotos), pero la ventaja de que es la época de las luces y las sombras, contrastes muy adecuados para la misma labor. Además, cuando empieza la época de las bajadas, ello sólo quiere decir que se aproxima la de las subidas (la luz comienza a crecer en el soslticio de invierno, el 22 de diciembre, para lo que sólo queda mes y medio).  Váyase una cosa por la otra.

Estos chopos otoñales están fotografiados en la provincia de Madrid.

Ancha es Castilla

 

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Continuando con lo que decía en la anterior entrega, que aludía a esa página que he colocado en la red, Fotos de España, pongo esta foto, que es una de ellas. Ahí veo Castilla, la vieja y ancha Castilla, y nada tendría de raro que por ese camino que parece adivinarse, camino delimitado por chopos, discurriera un cortejo de saltimbanquis y buhoneros, o a lo mejor una derrotada partida de soldados heridos que regresan de la batalla de Alarcos, ¿quién puede saberlo?

La página que he citado se compone de varios capítulos y apartados, y uno de ellos puede verse también como una película hechas con fotos. Su nombre (y el enlace):

Reivindicación del verano en la costa norte española

Fotos de España

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Hoy traigo el enlace de una página que he puesto en la red para los que les gusten las fotos y les guste nuestro país. Es mi punto de vista sobre el asunto, y espero que más de uno (y de una) lo pase bien contemplando esta avalancha.

Hay muchísimas ausencias, pero tampoco se puede abarcar todo. De todas formas, imagino que iré añadiendo cosas según surjan.

Son casi 500 fotos, así que es preciso tomarlo con calma, que ver muchas seguidas suele ser muy agobiante.

Fotos de España

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Estampa medieval

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Esta, seguramente, era una visión habitual para las personas que vivieron en la meseta castellana durante el siglo XII. Encerrados en una fortificación y siempre ojo avizor a lo que desde más allá del horizonte pudiera aparecer, pues se debía permanecer presto ante las indeseadas visitas de las huestes enemigas, ávidas de robar ganado y quemar cosechas, cuando no de llevar a cabo desenfrenados asaltos y otras contingencias aún más luctuosas…

(La foto está hecha en el Parador Nacional de Trujillo, provincia de Cáceres).

Agosto, mes universal de la contaminación

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AGOSTO, MES UNIVERSAL DE LA CONTAMINACIÓN

(Recomendado por los principales políticos del mundo).

 

Como es sabido, durante el presente mes se celebra en el hemisferio norte del planeta Tierra el “mes universal de la contaminación”, solemnidad avalada por los rotundos y señalados éxitos que se han cosechado en anteriores ejercicios.

¡Compre, ría, sueñe, coma, viaje, gaste, sude, envenénese, ensordezca…! Y esto es sólo el principio, por lo visto, pues aunque algunos nos las prometíamos felices con este invento de “la crisis”, que amenazaba con acabar con la edad del mamoneo (la de los beemeuves y los adosados y otras zarandajas de plástico), resulta que no, que parece que llega la recuperación y los esclavos seguirán siendo explotados por el systema, como siempre sucedió y sucederá. Amén.

Todavía hay gente que se lo cree… Bueno, claro, como gastan sus escasos días en ser adoctrinados por la tele y el asunto resulta ser muy engañoso…

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P.S.: Para rematar con bien la faena propongo la siguiente guinda, que viene a expresar lo mismo, sobre poco más o menos:

El infierno (4′ 55″)

AVISO: esta película me ha quedado demasiado anodina; debería haber cargado más las tintas, pero ya está hecha y no tengo ganas de reeditarla.

Una película veraniega

La Mancha retoc derecha enfoc mas amarillo mas claro (patrón 1) 900 pix

Pues resulta que el otro día hice una película (una cosa mínima, vamos, que nadie se alarme) para que el que quiera pueda ver algunas de las fotos que he hecho durante el último año, y para amenizarla la monté sobre una música que, para los no iniciados (porque los enterados la reconocerán al instante) diré que es el tercer movimiento del concierto de don Antonio Vivaldi que se conoce como “El verano”; es decir, una de “Las cuatro estaciones”. Este tercer movimiento se llama “La tormenta” (estival, se supone) y está escrito para orquesta de cuerda y bajo continuo. Ahora bien, yo me dije, lo voy a tocar con el teclado (un aparato eléctrico que suena como tú quieras) en plan clavecín, y dicho y hecho… (Y luego dicen que los músicos del barroco eran aburridos y no tenían marcha…; ya quisieran los de ahora). 

Bueno, pues después de tan largo preámbulo, ahí va la peli, de la que tengo que decir que en you tube se ve bastante peor que en mi ordenata, pero qué le vamos a hacer, que la cosa no tiene remedio; lo que resta se puede suplir con la imaginación. El enlace es: 

FOTOS DE OTROS MUNDOS

  (Nota final: Castrojeriz se escribe con jota; perdón, pero ya era mucho lío cambiarlo y volver a subir la peli).