
Hoy la cosa no va de fotos, pero ya que se nos vienen encima las épocas de abundancia (me refiero a la Navidad) pongo esta receta, que aparte de estar tirada de hacer, le gusta muchísimo a todo el mundo, en especial a los niños.
Ingredientes: un bote de leche Ideal, 2 limones, una caja de sobre para hacer gelatina de limón, azúcar para el caramelo, un vaso de vino de azúcar para batir.
Hágase en este orden, que se ahorra tiempo:
Se hace caramelo en un cacharro ancho, tipo sartén, y se unta bien todo el cacharro. Cuando está hecho (se pondrá bastante oscuro) se aparta del fuego.
Mientras tanto, en un cazo se hace gelatina de limón (la venden en las tiendas; se utiliza sólo un sobre de los dos que suelen venir en la caja) como indiquen las instrucciones, pero con sólo un vaso de agua = 250 cc, y cuando está hecha se añade una mitad más de agua (medio vaso) fría. Se revuelve un poco para que se homogeneize y se aparta.
Con la minipimer se bate el contenido de un bote de leche concentrada, y cuando ha subido un poco se le añade un vaso de vino de azúcar, el zumo de limón y medio y unas raspaduras de la corteza del limón (sólo de lo amarillo); se bate otro poco y se echa en un cacharro de cristal. Se añade encima la gelatina ya hecha, y se vuelve a batir para homogeneizarlo todo.
Queda una masa, un poco pastosa y de color amarillento, que se vuelca sobre la sartén en que está el caramelo. Este cacharro, así lleno, se mete en la nevera (o en el congelador, si se requiere rapidez) y en dos o tres horas está a punto, aunque queda mejor al día siguiente, es decir, si se la deja en la nevera un día (si es en el congelador, en media hora está hecha). No se debe helar, sino que el aspecto debe ser temblequeante, como el del flan.
Se pueden poner por encima unos bizcochos duros y así, al darle la vuelta sobre una fuente para servir, el caramelo quedará por encima y debajo un lecho de bizcochos embebidos. El aspecto, ya sobre la fuente, es el de la foto.


Hoy, 21 de junio de 2011, a las 5 y cuarto de la tarde (aproximadamente) transcurre la Tierra por el punto de su órbita más alejado del Sol, lo cual se determina por observaciones astronómicas. (La órbita de la Tierra alrededor del Sol no es circular, como es sabido, sino elíptica, luego en un extremo de ella estará más lejos –del Sol– que en la otra). Tal suceso (que como es lógico, se repite todos los años) se ha tomado como referencia para establecer el comienzo de la estación a la que llamamos verano, y da pie a las personas para celebrarlo de manera especial (aunque en lugares eminentemente festivos como España no hubiera sido necesario, pues aquí, ¿cuándo no es fiesta?). La más conocida de estas celebraciones es la denominada noche de San Juan, la que va del 23 al 24 de junio, en la que es tradición deshacerse de lo antiguo quemando trastos viejos…
Sobre las llamas de la hoguera purificadora vuelan sillas desvencijadas, antiguas anotaciones, cepillos de dientes…
–¿Y amores no correspondidos?
–Por supuesto. Y malhumores, impaciencias y amarguras, pesadumbres y sinsabores, aflicciones y desengaños y todas esas cosas que no deben quedar en la memoria.
Es esta una tradición muy arraigada en la civilización occidental, algo que gusta mucho a todo el mundo, en especial a los jóvenes, que lo celebran ruidosa y alcohólicamente, y como no podía ser menos, en varias de mis novelas se hace referencia a ello.
Por ejemplo, el Viaje al verano es la pormenorizada historia de una noche de San Juan, pues el libro completo transcurre durante una de ellas. En Europa barroca también se menciona, y Eduguá, y luego la negra, hacen alusión a alguno de estos acontecimientos, a los que sin duda asistieron, y Crucita (de Crucita y yo), cuenta la vez en la que, teniendo dieciocho años, se fue con Atahualpa (su novio bueno, porque también tuvo otro malo, pero aquel se llamaba Rafa) a vivir uno de estos acontecimientos en una playa del norte (del norte de España, se entiende). Por fin, en Las estaciones los niños hacen una fiesta (comandados por su madre), con hoguera y paella incluidas, en la que se purifican simbólicamente arrojando al fuego cuanto les sobra. Y como de todo ello debería poner algo para que la gente lea, que leer es muy sano e instructivo, yo creo que lo mejor es escuchar a Crucita (que es una joya de mujer, o sea, de chavala) y lo que dice de aquella a la que asistió. Semejante texto es como sigue:
Como colofón a lo anterior os dejo un enlace. Es una minipelícula que dura un minuto, y su título ya dice de qué va:
Después de darle muchas vueltas (y lo que queda, pues falta muchísimo retoque) he colocado una página nueva en internet. Se trata de una recopilación de fotos hechas por mi abuelo, mi padre y yo. Entre los tres cubrimos el siglo entero, y me ha parecido que a alguien podría interesarle verlas. A guisa de explicación, copio alguna cosa que allí se dice:
Estas fotos no son nada del otro mundo (no aparecen en ellas personajes famosos, ni las situaciones que pintan han pasado a la historia), sino que más bien se trata de una recopilación de fotografías cotidianas (podríamos decirlo así) que describen unos tiempos en que semejante afición no era tan común como lo es hoy. Me imagino, sin embargo, que pese a su fragmentario estado y enormes lagunas, constituyen un mínimo retrato de cómo, en líneas generales, fueron las cosas durante los años que digo, algunos ya muy lejanos (etc.).-
El enlace para verlo es: