Paisaje navideño desde el mirador del Jabalí

Dadas las fechas que corren (que corrían), pongo una foto de montañas nevadas. Esto son los Picos de Europa vistos en otoño desde el mirador del Jabalí, sito en el valle de Polaciones, en la subida a Piedras Luengas, y todo ello desde ese norteño lugar que llaman Cantabria y antes se conocía como provincia de Santander.

Tarta de limón

Hoy la cosa no va de fotos, pero ya que se nos vienen encima las épocas de abundancia (me refiero a la Navidad) pongo esta receta, que aparte de estar tirada de hacer, le gusta muchísimo a todo el mundo, en especial a los niños.


Ingredientes: un bote de leche Ideal, 2 limones, una caja de sobre para hacer gelatina de limón, azúcar para el caramelo, un vaso de vino de azúcar para batir.

Hágase en este orden, que se ahorra tiempo:

Se hace caramelo en un cacharro ancho, tipo sartén, y se unta bien todo el cacharro. Cuando está hecho (se pondrá bastante oscuro) se aparta del fuego.

Mientras tanto, en un cazo se hace gelatina de limón (la venden en las tiendas; se utiliza sólo un sobre de los dos que suelen venir en la caja) como indiquen las instrucciones, pero con sólo un vaso de agua = 250 cc, y cuando está hecha se añade una mitad más de agua (medio vaso) fría. Se revuelve un poco para que se homogeneize y se aparta.

Con la minipimer se bate el contenido de un bote de leche concentrada, y cuando ha subido un poco se le añade un vaso de vino de azúcar, el zumo de limón y medio y unas raspaduras de la corteza del limón (sólo de lo amarillo); se bate otro poco y se echa en un cacharro de cristal. Se añade encima la gelatina ya hecha, y se vuelve a batir para homogeneizarlo todo.

Queda una masa, un poco pastosa y de color amarillento, que se vuelca sobre la sartén en que está el caramelo. Este cacharro, así lleno, se mete en la nevera (o en el congelador, si se requiere rapidez) y en dos o tres horas está a punto, aunque queda mejor al día siguiente, es decir, si se la deja en la nevera un día (si es en el congelador, en media hora está hecha). No se debe helar, sino que el aspecto debe ser temblequeante, como el del flan.

Se pueden poner por encima unos bizcochos duros y así, al darle la vuelta sobre una fuente para servir, el caramelo quedará por encima y debajo un lecho de bizcochos embebidos. El aspecto, ya sobre la fuente, es el de la foto.

EL INCENDIO DE SANTANDER EN FEBRERO DE 1941

 

Fue en febrero de 1941 cuando, una noche de viento sur huracanado, se quemó por completo la parte vieja (lo que tanto entonces como ahora es el centro) de la ciudad de Santander. Es difícil, viendo la reconstrucción que podemos observar hoy, hacerse idea de lo que era entonces esta ciudad, ciudad vetusta, sí, pero con la gracia de lo antiguo. La casas eran de madera (las estructuras), lo que atizó el enorme incendio y las hizo desaparecer por entero, y sus fachadas estaban cubiertas de balcones y miradores, elementos típicos de la arquitectura de estas tierras; hoy son enormes y grises mamotretos (bloques) de cemento edificados de acuerdo con los usos propios de la posguerra española.

 

En el plano que adjunto (la línea negra encierra el área que ardió; pulsar para ver en grande) se puede observar cómo eran aquellos barrios que desaparecieron y nada tienen que ver con los que vemos en la actualidad. Ruamenor, Ruamayor, la calle del Rincón y la de Arcilleros, la Plaza Vieja (centro de aquel Santander), la calle de la Blanca (la calle comercial por excelencia), y tantas otras, se esfumaron durante una noche y sólo queda el recuerdo. El actual paseo de Calvo Sotelo consistía en dos calles, las Atarazanas y la Ribera (siglos antes fue una ría; atarazanas es sinónimo de astillero), que separaban el núcleo norte (delimitado por el círculo azul) y el sur (círculo rojo), que entonces se llamaba la Puebla Vieja y era el más antiguo barrio de la ciudad, el cual, presidido por la catedral, al menos podría remontarse a los siglos del medievo. Sobre este plano del Santander anterior al incendio he dibujado en gris algunas de las actuales calles: la verticales son Isabel II, a la izquierda, y Lealtad a la derecha (como se ve, atraviesan la Puebla Vieja, de la que no quedó ni rastro). La calle horizontal (gris) es la actual de Juan de Herrera, que finaliza a la derecha en el cuadrado gris que señala en lugar en el que está la actual Plaza Porticada (entonces inexistente). Por último, el rectángulo gris que hay delante de la catedral es lo que hoy se llama Plaza de la Virgen (páramo de piedra por las artes de la arquitectura moderna), que entonces estaba ocupado por tres edificios pertenecientes a la Puebla Vieja.

Si no hubiera sucedido tan enorme catástrofe, ¿tendríamos hoy una ciudad parecida a Oviedo o San Sebastián, que siguen conservando sus núcleos antiguos? Pues, salvando las barbaridades urbanísiticas que inevitablemente se hubieran producido durante los años 70 y 80 del pasado siglo (como de hecho se produjeron con lo que quedó), lo más probable es que tuviéramos una ciudad de aspecto antiguo, pues bastantes edificios se hubieran reconstruido salvando su aspecto exterior, tal y como puede verse en la actualidad en algunos lugares de las calles de Cisneros, Río de la pila, calle Alta, Santa Lucía y otras (todas ellas fuera del núcleo que se quemó).

 En fin, que el viejo Santander desapareció para siempre aquella noche, y ahí dejo estas dos imágenes: la primera es la Ribera (la actual acera de Calvo Sotelo en donde está la librería Estudio) vista, hacia los años 30, desde encima del puente que comunicaba los dos núcleos antiguos,

 y la segunda, un aspecto del nuevo Santander (la Alameda segunda –o sea, el actual eje San Fernando-calle Vargas– vista desde Cuatro Caminos).

 Pues lo dicho: que hay que ver cómo cambian las cosas.

Puertochico, Santander (España)

Hay un sitio en Santander, en mitad de la ciudad –lo que hoy es propiamente el centro–, al que llaman Puertochico. Antiguamente (hasta los años 50 del pasado siglo) fue el puerto pesquero de la ciudad, y como tal aparece en estas imágenes, que están tomadas desde el edificio de la calle Castelar que se conoce como Siboney. La casa con balcones que aparece en el centro es la última de paseo de Pereda, y bajo esos balcones existía un concurrido café llamado La austríaca, que fue durante muchos años el café por excelencia de esta ciudad. Hoy ya no existe (en su lugar hay un banco).

Estas son tres vistas antiguas del lugar del que hablo, un cuadro y dos fotos. El cuadro lo pintó mi tío el pintor (Carlos Villalva) en 1946, y las fotos las hizo mi padre en 1947 y 1955. En la de 1947 se ve la llegada del pescado durante un día de viento sur (y un tranvía, que también aparece en el cuadro). En la de 1955 se observa cómo ya no hay tranvías, que fueron sustituidos en esa época por los trolebuses que aparecen en la imagen.

Hoy sigue siendo una plaza, pero el ambiente, como es lógico, no se parece en nada a lo que aquí se ve: es una ingente rotonda llena de coches.

Reunión en la hierba


 

Corre por ahí la especie de que los veranos de la cornisa norte española son inconstantes, grisáceos, solitarios, aburridos…, pero ello no se corresponde con la realidad. Lejos de la abrumadora torridez que es propia a las costas mediterráneas –cuya agua parece caldo, y no digamos nada de las multitudes que las pueblan…–, se distingue por lo moderado de las temperaturas, el color de los cielos y la cordialidad de campos y playas. La foto está hecha en Santander (en la península de La Magdalena) durante este mes de agosto; la isla es la de Mouro.

Si alguien quiere ver algo más a propósito de este asunto de las fotos de los veranos en el norte de España, puede ver esta película:

 El verano (película de 1′ 03″)

Solsticio de verano


Hoy, 21 de junio de 2011, a las 5 y cuarto de la tarde (aproximadamente) transcurre la Tierra por el punto de su órbita más alejado del Sol, lo cual se determina por observaciones astronómicas. (La órbita de la Tierra alrededor del Sol no es circular, como es sabido, sino elíptica, luego en un extremo de ella estará más lejos –del Sol– que en la otra). Tal suceso (que como es lógico, se repite todos los años) se ha tomado como referencia para establecer el comienzo de la estación a la que llamamos verano, y da pie a las personas para celebrarlo de manera especial (aunque en lugares eminentemente festivos como España no hubiera sido necesario, pues aquí, ¿cuándo no es fiesta?). La más conocida de estas celebraciones es la denominada noche de San Juan, la que va del 23 al 24 de junio, en la que es tradición deshacerse de lo antiguo quemando trastos viejos…

Sobre las llamas de la hoguera purificadora vuelan sillas desvencijadas, antiguas anotaciones, cepillos de dientes…

–¿Y amores no correspondidos?

–Por supuesto. Y malhumores, impaciencias y amarguras, pesadumbres y sinsabores, aflicciones y desengaños y todas esas cosas que no deben quedar en la memoria.

Es esta una tradición muy arraigada en la civilización occidental, algo que gusta mucho a todo el mundo, en especial a los jóvenes, que lo celebran ruidosa y alcohólicamente, y como no podía ser menos, en varias de mis novelas se hace referencia a ello.

Por ejemplo, el Viaje al verano es la pormenorizada historia de una noche de San Juan, pues el libro completo transcurre durante una de ellas. En Europa barroca también se menciona, y Eduguá, y luego la negra, hacen alusión a alguno de estos acontecimientos, a los que sin duda asistieron, y Crucita (de Crucita y yo), cuenta la vez en la que, teniendo dieciocho años, se fue con Atahualpa (su novio bueno, porque también tuvo otro malo, pero aquel se llamaba Rafa) a vivir uno de estos acontecimientos en una playa del norte (del norte de España, se entiende). Por fin, en Las estaciones los niños hacen una fiesta (comandados por su madre), con hoguera y paella incluidas, en la que se purifican simbólicamente arrojando al fuego cuanto les sobra. Y como de todo ello debería poner algo para que la gente lea, que leer es muy sano e instructivo, yo creo que lo mejor es escuchar a Crucita (que es una joya de mujer, o sea, de chavala) y lo que dice de aquella a la que asistió. Semejante texto es como sigue:

… y en los días que siguieron, ¿quieren saber ustedes lo que sucedió? Pues que me fui con Atahualpa a ver en directo la noche de San Juan, la noche de San Juan de aquel año a una playa pequeñita y pedrera del norte de España, una desconocida playa del norte de España en una noche con luna.

En aquel lugar no había fiesta multitudinaria, no, que sólo eran quince o veinte entre chicos y chicas. Todos estaban allí, alrededor de la hoguera, pero sin hacerla mucho caso porque estaban muy ocupados ligando, y tampoco tenían música, la música fue la de las olas del mar. Yo me bañé in púribus, ¡cómo si no!, y Atahualpa también, y un perro que andaba por allí suelto y a su libre albedrío se bañó con nosotros e insistió en sacarnos del agua. ¿Pensará este perro que nos vamos a ahogar? Pues sí, así debía de ser, porque a mí me empujaba con el morro hacia la orilla y aullaba lastimeramente en la medida en que podía, aullaba un poco pero se callaba en seguida, en cuanto tragaba agua. Sin embargo, seguía imperturbable con su trajín de salvavidas, empujándonos y empujándonos mansamente…, y luego fuimos con unas toallas improvisadas a secarnos a la hoguera. La hoguera era una hoguera muy buena, con mucha brasa, para secarse perfecta, y nadie nos miró sino que nos dijeron adiós cuando nos fuimos, ¡hasta el año que viene!, ¡adiós! El perro, en un despiste de los de la hoguera, se comió unas cuantas chuletas que había preparadas en una parrilla al lado del fuego, pero no sucedió nada porque los que allí estaban no se dieron cuenta, se darían cuenta después y el perro se vino con nosotros. Se veía que nos había tomado apego y nos acompañó hasta el coche a buen paso y jadeando, y a partir de entonces Atahualpa y yo cantamos mucho juntos, a lo mejor por las reminiscencias de aquel perro tan listo. ¿Te llamabas Caruso en vez de Tutifruti? Pues otra cosa sería más difícil porque llevabas una chapa en el collar que así lo decía, aunque, ¿quién no cambia de nombre varias veces en esta vida?, pero a nosotros nos inspiraste, y en los días que siguieron cantamos muchísimo por los acantilados del norte, por las llanuras de Castilla la Vieja y los bosques y montañas de aquel mi país, cantamos de noche y cuando hubo luna llena, o casi, porque es difícil acertar.

–¿Qué es lo que es difícil acertar?

–Pues cuando es el día de la luna llena. Ayer parecía que sí, pero hoy también. ¿Cuándo es luna llena? ¡Dímelo tú!

–Pero, Crucita, si siempre es luna llena. ¿No lo notas…?

Atahualpa tenía una furgoneta, una Volkswagen vieja como las de las fotos antiguas, y nos pasamos el verano durmiendo en ella, aunque a veces también íbamos a hoteles, claro, ¿qué se pensaban ustedes?, nos teníamos que duchar, ¿no?, y otras nos bañábamos en pozas que encontrábamos, una vez en un lago fangoso, pero como era al atardecer no lo pudimos evitar, y fue tal nuestra ansia de soledad y purificación –sería para recuperar el tiempo perdido–, que buscamos los lugares más desiertos, los más apartados páramos y las mayores y más escabrosas quebradas del oeste de la provincia de Salamanca. Nos metimos por caminos y más caminos y un día no sabíamos ni en dónde estábamos…

Como colofón a lo anterior os dejo un enlace. Es una minipelícula que dura un minuto, y su título ya dice de qué va:

El verano (película de 1′ 03″)

Expo fotohigiénica

-

Ahora voy a contar la historia de una exposición que se celebra durante este mes en un lugar escondido de la nunca bastante ponderada ciudad de Cádiz. El bar se sitúa junto al acantilado de los Gigantes y es, como su nombre indica, un sitio harto especial, lleno de redes rotas y desvencijados restos de antiguos navíos. Allí se bebe, se grita, se lee y se piensa, y cuando sube la marea, ¿qué creéis que sucede? Pues nada, porque las mesas y las sillas –y las tarimas que las sustentan– están ancladas a un buen número de toneles vacíos (los que abandona la clientela) y flotan.

Aprovechando la ocasión he puesto fotos de todo, y entre ellas destacan las que van a continuación. Son fotos de carreteras (no de carretera), pero yo creo que dan el pego, y como muestra, valen.

Si vais por allí, no dejéis de daros una vuelta. (Las cervezas las paga cada uno, aunque se admiten invitaciones).

(Nota para no iniciados: las fotos se ven mejor si se hace clic sobre ellas).

Fotos en Panoramio

He metido un montón de fotos en Panoramio, que imagino que casi todo el mundo sabe lo que es…, de forma que si queréis ver fotos y fotos (todo paisajes españoles) no tenéis más que ir al siguiente enlace:

http://www.panoramio.com/user/5668229

Bueno, y si preferís verlo como una peli, el enlace es este:

http://www.youtube.com/watch?v=7o-aVaV_Etc

El siglo XX español en fotos

 

 

Después de darle muchas vueltas (y lo que queda, pues falta muchísimo retoque) he colocado una página nueva en internet. Se trata de una recopilación de fotos hechas por mi abuelo, mi padre y yo. Entre los tres cubrimos el siglo entero, y me ha parecido que a alguien podría interesarle verlas. A guisa de explicación, copio alguna cosa que allí se dice:

Estas fotos no son nada del otro mundo (no aparecen en ellas personajes famosos, ni las situaciones que pintan han pasado a la historia), sino que más bien se trata de una recopilación de fotografías cotidianas (podríamos decirlo así) que describen unos tiempos en que semejante afición no era tan común como lo es hoy. Me imagino, sin embargo, que pese a su fragmentario estado y enormes lagunas, constituyen un mínimo retrato de cómo, en líneas generales, fueron las cosas durante los años que digo, algunos ya muy lejanos (etc.).-

El enlace para verlo es:

El siglo XX español en fotos

 

 

La chica en la que continuamente estamos pensando, parte segunda

Esta es la chica (o la situación) en la que continuamente estamos todos pensando… Así empezaba una entrega anterior, y la verdad es que el que lo escribió tenía toda la razón (o algo de razón, que esta cualidad suele estar bastante repartida). La foto de hoy es por el estilo, ¿y a quién no le gusta eso de cerrar los ojos y dejar que la onda eterna (o sea, la de siempre, en la que todos estamos todo el día pensando, como decía) se apodere de tu cerebro y te haga creer, ¡y qué digo creer…!, sino vivir una interferencia casual, epidérmica y en el camino con arquetipos y arquetipos, lauren bacall, ingrid bergman o cosas así? Yo qué sé, bueno, que cada uno lo cuenta como quiere o como su respectiva experiencia le dicta…

Lo anterior está tomado de una de mis novelas, la denominada Viaje al verano, así que para desintoxicar voy a poner un enlace que os lleva a un trozo de mis escritos, un trozo que se llama Los piratas de las gafas de sol van a tomar unas cañas y está en el libro citado, el cual se puede leer aquí.

La foto que antecede a estas líneas está tomada en el planeta Tierra durante un mes de agosto, en una de esas correrías que a veces se llevan a cabo y en las que todo parece salir redondo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.